En la clase de Literatura

Tocar la fibra

Madeleine Sautié Rodríguez

Al preuniversitario Rosalía Abréu, ubicado en el capitalino municipio del Cerro, llegué hace unos días para impartir una conferencia sobre elementos esenciales de periodismo a los estudiantes de duodécimo grado. La unidad del programa de Español-Literatura que contempla este contenido hacía ya mucho no se impartía en la enseñanza, aunque algunos de los textos que se incluían en ella eran utilizados por los profesores en la preparación para las pruebas de ingreso a la universidad.

FOTOS: Anabel Díaz MenaLa clase de Literatura en este centro se disfruta.

La iniciativa, no fue mía. Por la profesora Caridad Guerrero Gómez, asidua lectora de Granma, supe que para introducir el capítulo se había previsto el trabajo con algunos artículos del periódico y creyó oportuno establecer con uno de sus autores el contacto. Por esas razones fui, y por esa visita constaté el ímpetu con que trabaja ese colectivo pedagógico que sin estar exento de dificultades materiales, encuentra en la entrega y la pasión por enseñar esa mágica retribución que solo es posible cuando es plena la preparación de sus estudiantes.

Liderada por el joven licenciado Raidel Mirabal Fernández, director del centro, en la escuela se respiran la alegría propia de la edad y el bullicio inevitable de sus estudiantes, sin que ello esté reñido con las buenas costumbres y la disciplina de la que dieron claras muestras durante casi una hora, los seis grupos que asistieron al encuentro, y con la que mucho tiene que ver el claustro de profesores que en el centro labora.

Sobre la clase de Literatura particularmente se interesó Granma. La profesora Belkis Lourdes Gómez, jefa de Grado, y licenciada en Español y Literatura, refirió: "Quien haga la carrera de maestro por vocación, disfruta al máximo las clases que imparte. El preuniversitario te da la posibilidad de recrearte en la obra literaria. En 12 grado, por ejemplo, ellos dan El reino de este mundo, de Alejo Carpentier, y a veces nos cuesta trabajo incentivarlos y que realmente logren leer la novela, pero cuando conseguimos despertar esa motivación, lo-gramos que ellos se enamoren de la obra y la conozcan, al punto que hacen todo un trabajo de investigación".

"La misma conferencia impartida hoy es una muestra de que queríamos ofrecerles a los alumnos una forma novedosa de introducir la unidad; lejos de darles una clase tediosa tratamos de hacer algo práctico que los motivara, y muchos se han acercado interesándose por el Periodismo, aun cuando saben que es una carrera con requisitos adicionales", agrega.

Acela Sánchez Rosell, otra de las docentes que imparten la asignatura, explica el interés que se toman como colectivo en no dar la literatura por darla, sino lograr que a los alumnos les llegue. "Los hemos enseñado a desmenuzar un poema, a que amen y estudien la poesía. Entre nosotras intercambiamos, buscamos la mejor manera para hacerles ameno el contenido. La literatura hay que disfrutarla, hay que sentirla para poder aprenderla. Tenemos que tocar su fibra, su sensibilidad".

La recepción de tanto empeño la supimos por boca de los estudiantes cuyas respuestas resultan coherentes con el propósito de sus profesoras. "Las clases de Español son distintas a las que recibimos en la secundaria y en la primaria; hay una interacción, una dinámica entre los alumnos y la profesora. No es que te impongan el conocimiento ni te den un resumen de la obra y quieran que te lo aprendas de memoria, sino que te motivan y te integran a la lectura, buscan la forma de llegar al alumno", opinó Diana Oquendo Cordero.

Hacer que todos se interesen en la literatura es un reto que se le plantea a diario a estos docentes: "Las profesoras intentan llegar a los estudiantes, y logran que cada uno se vaya de la clase con una buena impresión, al menos de qué trata la obra que estamos dando", afirma Alejandra Carreño Lugo, quien al igual que Cristian Moradillos disfruta mucho de este espacio de aprendizaje.

"He sido alumno de las tres profesoras de 12 grado —comenta— y sus clases son muy dinámicas, nos leen y analizan las obras literarias, paso a paso, y lo asimilas y entiendes todo. A veces suena el timbre y no hemos terminado y queremos que siga leyendo. Cuando estábamos dando poesía, por ejemplo, la profesora nos trajo una canción de Ricardo Arjona muy difícil e interpretamos sus metáforas".

De esta manera el aula se convierte no solo en un sitio para el descubrimiento de las materias, sino que se transforma en un lugar para el enriquecimiento cultural que aporta la lectura. Así lo siente Laura E. Bravo, a quien este "pre" le ha inculcado un gran amor por la literatura. "Todas las obras que hemos ve-nido estudiando desde 10mo. hasta 12mo. nos han dado un gran bagaje cultural. Leí Los Miserables, de Víctor Hugo; me encanta García Márquez, me he leído Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera y también El reino de este mundo, de Carpentier, que aunque es una obra difícil se nos hace asequible con la ayuda de la profesora".

"Como de un baño de luz" se sale de esta escuela, después de escuchar tan hermosas revelaciones de las que queda constancia con solo asomarnos a sus aulas. La enseñanza de la literatura, de inestimable importancia en la formación integral de los futuros profesionales que necesitamos, es en este centro una garantía que solo la hace posible una obra de infinito amor.

 

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