Sin estar exenta aún de algunas tareas pendientes en el orden
interno —la mayoría de las cuales son consecuencia indirecta del
propio crecimiento acelerado y las reformas que se vienen
implementando desde 1979—, China se considera hoy una de las
economías más fuertes del globo, con posibilidades reales de sortear
con éxito los efectos nocivos de la crisis financiera.
Desde su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU
ha mediado en conflictos que hubieran sido catastróficos para el
mundo y ha sentado las bases —junto a otros importantes actores de
la geopolítica como Rusia— de un nuevo orden internacional.
Latinoamérica y el Caribe, África, Asia, Rusia y la mayor parte
de los países europeos ven en China a un socio estratégico. Estados
Unidos la mira con recelo, pero reconoce que están demasiado
interrelacionados como para ser "enemigos" frontales.
En ese contexto, Beijing dio a conocer esta semana sus
prioridades en política exterior para el 2014.
La diplomacia china aboga por el establecimiento de un "mundo
armonioso", que debe ser democrático y donde las relaciones
internacionales se fundamenten en la legalidad y el multilateralismo.
Este concepto aspira a un orden global en el que todos los países
cultiven la confianza entre sí, respeten la soberanía y la
integridad territorial de los otros, mediante la no intervención y
un diálogo respetuoso de civilizaciones.
Siguiendo esas directrices, en el 2014 China pretende profundizar
sus relaciones de beneficio compartido con los países en desarrollo
de África, Latinoamérica y el Caribe, así como implementar un
vínculo inteligente con los estados más poderosos, para modificar el
llamado "destino de conflicto" entre potencias emergentes y
potencias existentes.
"China promoverá la construcción de un marco para sus relaciones
con grandes potencias, que se deberán caracterizar por interacciones
positivas y un sano desarrollo", dijo el canciller Wang Yi, durante
un foro sobre la diplomacia china en el 2013.
En ese sentido, el jefe diplomático elogió la asociación
estratégica integral alcanzada con Rusia y el desarrollo en marcha
de un nuevo tipo de relaciones con Estados Unidos.
También alabó los acercamientos entre China y la región
latinoamericana durante el año a punto de concluir, los cuales
—según su criterio— mostraron el interés de ambas partes de
intensificar las acciones de beneficio compartido, a favor de la
cooperación Sur-Sur.
"La perspectiva ahora es que los países latinoamericanos se vean
beneficiados con el crecimiento económico, la urbanización y el
desarrollo de la clase media de China durante las próximas décadas
debido a la demanda de bienes con mayor valor agregado y no solo las
tradicionales materias primas que envía América Latina al gigante
asiático", señala un reciente editorial del Diario del Pueblo.
En cuanto a su entorno regional, Beijing buscará "consolidar la
amistad" con sus vecinos y resolver las disputas territoriales que
le restan estabilidad a Asia mediante el diálogo y la negociación
pacífica, sin la mediación de agentes externos. Promoverá, asimismo,
las asociaciones de libre comercio con Japón, Sudcorea, Australia,
la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y otros socios de
Asia Central.
"China mirará a los países miembros de las conversaciones de la
Asociación Transpacífica (que se negocia entre doce países asiáticos
y latinoamericanos, pero considerado por los analistas como el brazo
económico del "pivote" de EE.UU. hacia Asia) con una actitud
abierta, así como otras iniciativas de TLC regionales o
interregionales", añadió el ministro Wang, al insistir en que el
gigante asiático continuará promoviendo la paz y la cooperación
multilateral, en un ambiente respetuoso.