Para tener una idea de la magnitud del triunfo de las brasileñas
—felicitadas por la presidenta Dilma Rousseff— baste decir que en
las 21 ediciones mundialistas desarrolladas solo Sudcorea, monarca
en 1995 y bronce en el 2003, había escapado a la hegemonía europea.
Las auriverdes se coronaron en calidad de invictas tras nueve
desafíos, guiadas por la lateral izquierda Alejandra "Duda" Amorín
(natural de Blumenau, con 27 años, 1.86 metros de estatura y 82
kilogramos de peso), seleccionada la mejor jugadora del certamen,
entre otros méritos avalada por las 34 ocasiones en que perforó las
redes rivales. Amorín tuvo el respaldo ofensivo de sus coequiperas
Alexandra Nascimento (54 goles y líder anotadora de su elenco) y
Fernanda Da Silva (34 dianas).
A propósito de la actuación del equipo, el danés Morten Soubak,
seleccionador de Brasil, calificó el desenlace como el mayor paso de
avance en la historia del balonmano en esa nación: "Estamos
orgullosos y muy contentos, dijo, además de destacar la capacidad de
su plantel para sobreponerse al electrizante ambiente y la presión
que se vivió en el Kombank Arena, de Belgrado, sede de la final y
donde se congregaron más de 19 mil espectadores para animar al
conjunto anfitrión.
Tampoco dejó de manifestar su emoción "Duda" Amorín: "Teníamos
este sueño desde el inicio del torneo y paso a paso hemos ido
creciendo como equipo, porque creíamos que éramos capaces de pelear
por las medallas, pero la aspiración del oro era suprema. Es una
satisfacción para mí pertenecer a este grupo de jugadoras."
A la justa en Serbia concurrieron 24 selecciones agrupadas en
cuatro zonas. Por la presea de bronce, Dinamarca desbancó a Polonia
30-25. Antes de esta cita mundialista, Brasil ocupaba el escaño 22
del ranking del orbe con 38 puntos, lista comandada por Alemania
(263), Rusia (219) y Hungría (207), naciones que no accedieron a
discutir las medallas.