Hace
seis meses, Arisnoidis Despaigne (69 kg) no sabía dónde se celebraba
este año el Mundial de Boxeo. Hace cuatro, ni siquiera creía posible
viajar a Almaty. Siete semanas atrás, se proclamó allí subcampeón
del orbe, contra casi todos los pronósticos, de modo que hoy se
presentará nuevamente en el Palacio de los Deportes de la antigua
capital kazaja, no ya como un tímido aspirante, sino como un sólido
pilar dentro del equipo.
Ya saben: los Domadores de Cuba visitan a los Arlans de Astaná,
campeones defensores, en la IV Serie Mundial de la AIBA. Y el
santiaguero de 28 años —cumplidos el pasado 10 de septiembre— está
listo para la pelea.
Lejos de cualquier cuento de hadas, sin embargo, la suya es una
historia de carácter, entrega y perseverancia; desde que encaminó
sus primeros pasos en el boxeo a los once, cuando huérfano de madre
convivía con una abuela y sus tías en Dos Palmas y comenzó a
entrenar en un gimnasio cercano, bajo la égida de Andrés Linares y
Miguel Limonta.
A los quince ingresó en la Academia provincial de Santiago y a
los veinte al equipo nacional por primera vez, tras agenciarse un
bronce como 64 kg en el Torneo Playa Girón del 2005, disputado en
Granma. Pero nunca lo tuvo fácil, a la sombra de boxeadores que
poseían el aval de haber descollado en las selecciones de cadetes y
juveniles. Y eso que en el 2010, se coronó campeón nacional de los
75 kg, pese a competir pesando varios "kilos" menos, por una
estrategia de la provincia para que no coincidiera con el submonarca
de Beijing 2008 Carlos Banteur en los 69.
El
púgil santiaguero buscará cifrar otra victoria en el mismo escenario
que hace dos meses lo vio consagrarse subcampeón del orbe.
Peor aún, era que la mala suerte parecía lastrar su carrera en
las citas internacionales, pese a cosechar algunos resultados
positivos en los torneos Carabobo de Venezuela y Strandzha de
Bulgaria. Sin ir muy lejos, en el Prepanamericano de Cumaná no
consiguió clasificar a los Juegos de Guadalajara 2011, y un año
después igual vio esfumarse su sueño de asistir a la Olimpiada de
Londres 2012, al ceder frente al brasileño Myke Carvalho en Río de
Janeiro.
Ante ese panorama, cualquier otro de seguro habría arrojado la
toalla. Pero no él. Ni su familia. Ni sus entrenadores, en especial
Raúl Fernández, quien reactivó su confianza cambiándole el estilo de
pelea, al imprimirle una mayor pegada a la fogosidad con que acomete
a sus contrarios, siempre al ataque, sin dar ni pedir tregua, de
campana a campana, como un fajador nato.
Hasta que llegó el Mundial de Almaty, y sobre él recayó la
responsabilidad de reemplazar a un campeón olímpico del calibre de
Roniel Iglesias (sancionado).
Visto en retrospectiva, recuerda Arisnoi-dis, todos sus combates
fueron "finales", porque siempre le tocaron rivales difíciles, todos
fuertes, altos o zurdos como el uzbeco Hurshidbek Normatov, el
argelino Ilyas Abbadi y el armenio Aram Amirkhanyan.
En ese sentido, tal vez el menos exigente fue el de la semifinal
ante el venezolano Gabriel Mestre, quien lo había relegado al bronce
en el Panamericano de Chile. El más duro, la discusión del título
ante Daniyar Yeleussinov, que no era cualquier kazajo, sino el
capitán de la escuadra anfitriona y como tal resultó elegido el
Mejor Boxeador del 2013 por la AIBA.
"En esa pelea —explica— no me vi bien. Quería salir con todo
desde el principio como había hecho hasta entonces, pero en la
esquina me recomendaron que no arriesgara tanto, porque él es un
boxeador arisco y estaba en su patio. Aún siento que debí buscar más
el intercambio, pero estoy orgulloso de haber logrado esa plata".
A propósito de esa medalla, reconoce que ahora hay gente que lo
ve con "otros ojos", aunque él sigue siendo el mismo, pues la ciudad
que más le gusta es Santiago —donde el huracán Sandy le arrebató el
techo a su casa— y lo que más disfruta es compartir con la gente del
barrio.
Así pues, Arisnoidis ha comprendido que el trabajo duro rinde sus
frutos y, aunque hoy no podrá buscar la revancha ante Yeleussinov
—pues su rival será Bakhytzan Kozha-bekov— planea cifrar otro éxito
para su escuadra, junto a los bicampeones mundiales Julio César La
Cruz (81) y Lázaro Álvarez (60), el jovencito Gerardo Cervantes (52)
y el bronce de Milán 2009, José Ángel Larduet (+91 kg). A fin de
cuentas, sostiene, la meta de los Domadores en este torneo es llegar
tan lejos como les sea posible.