Yutong adentro

¿Con un enemigo a bordo?

Pastor Batista Valdés

Las Tunas.— En cualquier época del año suelen brotar de la población criterios acerca del servicio que ofrece la empresa de ómnibus nacionales a todo lo largo y ancho del país.

foto del autorAsí suelen salir los ómnibus desde la terminal, pero al regreso...

Quejas directamente en oficinas, cartas a órganos de prensa y materiales publicados dan fe de irregularidades objetivas o comprobables: turbios procedimientos para poder adquirir pasajes (sobre todo por lista de espera, en la capital del país), no declaración de capacidades reales por parte de conductores en terminales, cobro de pasaje sin entrega de boletín, paradas innecesarias, almuerzos y comidas en establecimientos no estatales con precios que no están al alcance de todos los pasajeros...

La confirmación de tales violaciones está en el numeroso grupo de medidas aplicadas por la empresa, incluida la separación definitiva de quienes aprovechan la menor grieta para lucrar con las necesidades de la población.

Tal realidad es inobjetable y habrá que seguir enfrentándola con mucho control, exigencia, disciplina, responsabilidad...

Ello, sin embargo, no significa que todos los conductores sean indolentes o corruptos, o que siempre el pasajero sea la principal víctima.

Pude comprobarlo recientemente, una vez más, al conversar en el andén tunero durante unos minutos con Roy Alfonso Martínez y Osmany Belete González, quienes cubren la ruta Holguín-La Habana.

Intrigado por la mezcla de preocupación con molestia que reflejaba el rostro de ambos, decidí acercarme a ellos, mientras aguardaban por algunos pasajeros que debían subir al ómnibus para continuar viaje.

La causa de aquella visible contrariedad yacía dentro del estuche de tela que habitualmente tiene cada asiento en su parte posterior: algún indolente había vertido vómito allí el día antes. Cansados de hurgar desde la víspera en todos los rincones y espacios interiores, por fin se produjo el hallazgo o confirmación de un hecho tan insólito como inaceptable.

"Siempre que ofrecemos la información inicial antes de salir —comentó Roy— le indicamos a los pasajeros la necesidad de cooperar con la limpieza y la preservación de este ómnibus, uno de los que ya sobrepasó el millón de kilómetros recorridos y al que cuidamos como a nuestros propios ojos. También insistimos en que se nos avise sin pena ante cualquier urgencia o necesidad e insistimos en que nadie ingiera bebidas alcohólicas ni alimentos en los asientos durante el recorrido... Pero, así y todo, hay quienes incurren en negligencias como esta".

No es la primera vez que escucho tal punto de vista. Con gran preocupación, Jesús Rodríguez Cruz, director de la Unidad Empresarial de Base Ómnibus Nacionales, en Las Tunas, refería semanas atrás "la diametral diferencia que existe entre el estado en que salen los carros hacia destinos como La Habana o Santiago de Cuba, y la preocupante situación en que retornan, como consecuencia del inadecuado comportamiento y la falta de sensibilidad por parte de algunas personas que viajan a bordo".

"Muchas veces dejan restos de bocaditos en el piso, migajas de pan, estuches plásticos, latas vacías, manchas de grasa o de líquidos en los asientos y hasta hay quienes se limpian las manos con las cortinas o con la tela destinada para apoyar la cabeza durante el viaje", refiere Juan González Hernández, quien comparte el volante con su colega Juan Armando Rodríguez.

¿Harán esos ciudadanos lo mismo en sus hogares? ¿Actuarían igual si fuesen propietarios particulares o privados de esos medios de transporte? ¿A quién creen que pertenece el parque de ómnibus con que cuenta la empresa en cada una de las provincias? Nominalmente al Estado, pero en la práctica son y deben ser de quienes se sirven y benefician de su servicio: el pueblo.

Difícilmente alguien reconozca que incurre impunemente en indisciplinas como las antes mencionadas. De hecho, todas las personas a las que se les preguntó acerca del tema opinan similar a Andrés Peña Rodríguez: "No cuesta ningún trabajo contribuir con la limpieza del ómnibus, pedirle al chofer que pare si nos sentimos mal o si tenemos determinada necesidad, así como mantener un comportamiento correcto a lo largo del viaje... , porque de otro modo no tendremos en qué movernos a la vuelta de un tiempo".

Un poco más de cuidado, de pertenencia y de responsabilidad no vendrían nada mal para contar con más recursos y medios a favor de todos, y enfrentar también a ciertos conductores que no cumplen su deber y sobre todo a esos cuya sensibilidad parece habérseles acomodado entre las insatisfechas paredes del bolsillo.

 

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