Por ejemplo, todos los que vieron a Santiago "Changa" Mederos
concuerdan en que si lograbas aprovecharlo en los compases iniciales
tenías posibilidades de salir airoso; de lo contrario aguardabas
muchas opciones de terminar sin carreras y con diez ponches
endosados.
Lo mismo ocurría con Rolando Pastor, Jorge Luis Valdés, Omar
Ajete, Faustino Corrales y Adiel Palma, verdaderos mitos por las
historias que escribieron en nuestros clásicos beisboleros, algunos
por la aterradora velocidad y otros por curvas que dibujaban un arco
en el aire.
En la actualidad escasean este tipo de lanzadores, al punto que
si hacemos una pesquisa entre los contendientes de la Serie Nacional
solo afloran el pinareño Julio Alfredo Martínez y el veterano
Yulieski González, junto a los na-ranjas villaclareños Yasmany
Hernández Romero y Robelio Carrillo, además del prometedor Ariel
Miranda, muchacho de 24 años que dio sus primeros pasos en la pelota
como inicialista y jardinero en su natal San Antonio de las Vegas,
un poblado del municipio de San José de las Lajas, en Mayabeque.
"El entrenador Aramís Martínez fue mi guía en las categorías
inferiores, quien me ayudó en el cambio del campo al box,
motivado sobre todo por mi velocidad y porque no era muy alto. Dadas
las circunstancias, aposté por lanzar y no me ha salido mal",
recuerda Miranda, joven de expresión seria, que debutó hace seis
campañas en el más alto nivel y en sus primeras tres tuvo solo nueve
entradas y un tercio de labor con el extinto equipo Habana.
Ya en el cuarto año cambió drásticamente su rol y acumuló 12
aperturas en un staff compuesto por Jonder Martínez, Yulieski
González, Yadier Pedroso y Miguel Alfredo González, todos miembros
de la selección nacional, y desde entonces su proyección no se ha
detenido, al punto de encadenar dos temporadas con más de 120
capítulos de actuación en cada una y mejorando la relación entre
ponches y boletos, en gran medida por el trabajo del preparador
Javier Gálvez, a quien Miranda agradece por los consejos y la
tutela.
"Su ayuda es muy importante para mí y el resto de los lanzadores
de Mayabeque, donde hay mucha juventud", expresa el zurdo, mientras
Gálvez no escatima en elogios y opina que en muy poco tiempo Miranda
debe ofrecer un buen número de salidas de calidad.
"Tiene deseos de trabajar y eso vale; a la larga se nota la
diferencia respecto a otros me-nos dedicados en los entrenamientos.
Su misión es incrementar el repertorio, perfeccionar aún más su
control de la zona y lograr la conducción del juego, cuestiones que
puede vencer en corto tiempo", opina Gálvez.
El espigado serpentinero (1,88 metros de estatura y 76 kilogramos
de peso), quien tiene récord de tres victorias sin fracasos en la
actual contienda, está consciente de que necesita exigirse más en
sus aperturas y trabajar con extrema concentración. "Dependo del
control; si no vengo ‘por ahí’ las cosas no me salen bien, razón
para hacer hincapié en la localización de los lanzamientos y el
desarrollo de la recta, el cambio y la curva, mis armas", afirma.
De seguro, cuando alcance mayor dominio de estos parámetros,
podrá reducir su tasa de cuadrangulares y elevados permitidos (estos
últimos son más del 40 % de las conexiones), elemento que le
permitirá ganar más respeto y escalar hasta un alto nivel.