"Fue
un día en que traían a Antonio Maceo herido. (... ) y la madre, con
el pañuelo a la cabeza, como quien espanta pollos echaba del bohío a
aquella gente llorona. ‘Fuera, fuera faldas de aquí! ¡No aguanto
lágrimas! Traigan a Brioso’. Y a Marcos, el hijo, que era un rapaz
aún, se lo encontró en una de las vueltas: ‘¡Y tú, empínate porque
ya es hora de que te vayas al campamento!’".
José Martí
"La madre de los Maceos", Patria, Nueva York, 6 de enero de 1894,
t. 5, p. 27