Las evaluaciones hechas por especialistas del Centro del Clima
del Instituto de Meteorología indican que entre 1951 y el 2010 la
temperatura media en nuestro país subió 0,9 grados Celsius,
indicador favorecido por el aumento de la mínima promedio en
alrededor de 1,9 grados.
Igualmente, se registra un incremento en la frecuencia de eventos
de sequías más intensas y prolongadas, sobre todo a partir de 1961,
tendencia que constituye una de las variaciones climáticas más
importantes observadas en el archipiélago cubano durante las últimas
cinco décadas.
Junto a las altas tasas de evaporación, la reiteración de tales
procesos contribuye al deterioro de los suelos y a la disminución de
las reservas de agua, lo cual incide de manera desfavorable en la
producción agrícola.
Según las proyecciones más recientes de esa entidad perteneciente
al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, el clima en
la mayor de las Antillas será más cálido y seco, con posibles
incrementos en la temperatura media de dos a tres grados para
finales de la actual centuria.
Más allá de modelar los futuros escenarios, la nación también
trabaja desde ahora en el diseño y aplicación de diversas acciones
dirigidas a enfrentar las consecuencias de tan complejo desafío
ambiental.
Ejemplo de ello es el programa Cambio climático en Cuba:
Impacto, mitigación y adaptación, que bajo la guía de
reconocidos expertos del propio Centro del Clima, comprende en una
primera etapa la ejecución de 16 proyectos donde participan 27
instituciones nacionales y alrededor de 150 investigadores.
Su principal objetivo es encontrar soluciones viables a los
problemas planteados por el calentamiento global en sectores como la
agricultura, los recursos hídricos, suelos, bosques, ecosistemas
costeros, asentamientos, diversidad biológica, salud humana y
veterinaria.