Se trata, ni más ni menos, de un foro que ha venido incrementando
su concurrencia año tras año hasta cifrar esta vez más de 620
delegados de 44 países, con un cúmulo extraordinario de ponencias.
Aunque, como observa el doctor Jorge de Lázaro Coll, jefe de la
Comisión Científica del evento, lo verdaderamente trascendental no
es la cantidad de esos trabajos, sino la calidad de los mismos, toda
vez que la inmensa mayoría de sus autores poseen los grados
académicos de Doctor o Máster.
De ese modo, no sorprende entonces que muchos aborden temáticas
tan variadas e interesantes como la biomecánica, la aplicación de
las tecnologías de la informática en la actividad física, el control
biomédico y psicológico en los entrenamientos, el trabajo en las
comunidades o la estrecha relación (a simple vista inexistente)
entre deporte y medio ambiente. Y eso, aterrizando en experiencias
concretas como la metodología destinada a seleccionar talentos en
atletismo para pruebas de medio fondo en el Valle del Rift que trae
el kenyano Duncan Mwirigi, por poner un ejemplo.
Es decir, cualquiera puede tener una vaga idea sobre la
importancia que tiene la traumatología en los resultados de los
atletas de alto rendimiento; pero no es lo mismo a que un
especialista como Rodrigo Álvarez Cambra detalle vivencialmente cómo
la jabalinista María Caridad Colón debió ser infiltrada de un
esguince grave de columna dorso-lumbar, diez minutos antes de salir
a competir en los Juegos de Moscú 1980, en los cuales resultó
campeona, con récord incluido. O que Alberto Juantorena se convirtió
en el primer y único corredor en ganar las distancias de 400 y 800
metros en Montreal 1976, tras recuperarse satisfactoriamente de dos
Neuromas de Morton unos meses antes.
Conferencias magistrales, talleres y paneles, que hacen de AFIDE
un marco más que propicio para el intercambio, la promoción y
divulgación de experiencias e investigaciones, en pos de una mejor
calidad de vida, entrelazando la ciencia y el deporte.