En esta ocasión la sala transitoria del Memorial José Martí acoge
sus estampas bajo un título genérico pero sugestivo: Retablo,
y es así porque el creador urde una trama sucesiva de episodios
visuales que pueden leerse como fragmentos de un relato mucho más
abarcador.
Lobaina combina gestos de naturaleza abstracta con atisbos de una
figuración neoexpresionista en su afán por revelar estados de ánimo,
atmósferas, certezas y presagios, que en definitiva reflejan
conflictos y ansiedades propios de la condición humana.
La comunicación con el espectador se hace viable mediante el
dominio minucioso y preciso de la técnica, pues nada es producto del
azar, sino de la más depurada elaboración de las matrices. En ese
sentido Lobaina se inscribe en una tradición que ha hecho del
grabado en nuestro país un arte suficiente por sí mismo.
Lo más destacado en ese proceso se advierte en la consecución de
efectos espaciales, como si de la superficie de las obras surgieran
formas volumétricas, resaltadas por un montaje que rebasa los
límites físicos de la estampa. Todo ello conseguido, como lo ha
hecho a lo largo de las tres últimas décadas, desde la sobriedad,
contrastando el blanco y el negro, si acaso con algún destello
cromático que por su rareza acentúa el contenido de la imagen.
Con la apertura de Retablo, el evento cumple con la
promoción de un artista que en el Encuentro Nacional anterior se
hizo acreedor del Premio José Contino, concedido por el Taller de
Grabado y Kcho Estudio.