Max Enrique Figueroa Araújo (1913-1996), ilustre pedagogo cubano,
fue recordado ayer en el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas (ICCP),
en un homenaje conducido por el doctor Lisardo García Ramis,
director de esta institución.
En la actividad se presentó un estudio realizado por el máster
Gilberto Ariel Hernández, investigador del Instituto, quien rescató
mediante la búsqueda documental y las entrevistas una parte del
legado personal y profesional del maestro Figueroa.
De procedencia humilde e hijo de educadores, se inicia en el año
1930 en la práctica del magisterio. Llegó a ser profesor de la
Escuela Normal para Maestros Primarios y de la Universidad de
Oriente, Presidente del Colegio de Pedagogos en esa región del país,
y representante-fundador de la UNESCO para la Educación en América
Latina.
Se vincula a la lucha insurreccional, por lo que sale del
territorio nacional rumbo a Honduras. Después del triunfo
revolucionario de 1959 desempeña responsabilidades en el Ministerio
de Educación, como director del Instituto de Superación Educacional
y presidente del Centro de Desarrollo Educativo. En el año 1976
funda el ICCP, del cual fue su primer director.
Dirige el primer perfeccionamiento nacional de la educación y se
convierte en investigador de los problemas de ese sector, con
aportes en la aplicación de instrumentos psicopedagógicos y estudios
diagnósticos y adaptaciones de programas para comunidades rurales.
En el año 1986 obtiene el título de Doctor en Ciencias Pedagógicas.
Además, la Asociación de Pedagogos de Cuba le otorgó el
reconocimiento Educador Destacado del siglo XX.
En el homenaje por el centenario de su nacimiento se encontraba
Ena Elsa Velázquez, ministra de Educación; la doctora Daysi Rivero
Alvisa, presidenta de la Sociedad Económica Amigos del País; Lesbia
Cánovas, presidenta de la Asociación de Pedagogos de Cuba, y la
maestra María Antonia Figueroa Araújo, hermana de Max Enrique.