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Comunidades agrícolas en Pinar del Río
Iniciativa inconclusa
RONALD SUÁREZ RIVAS
PINAR DEL RÍO.— Diez meses atrás, sobre esta misma plazoleta
donde hoy reina el silencio, se improvisó una tribuna, y entre
discursos y diplomas se anunció que la antigua ESBEC Combate de
Isabel María estaba lista para ser habitada.
La
mayoría de las 250 viviendas acondicionadas en las tres comunidades
agrícolas de Vueltabajo permanecen vacías.
De esa manera, se daba por concluido el acondicionamiento de la
vieja escuela —que desde hacía varios años estaba en desuso—, para
recibir a decenas de familias decididas a poner a producir la
tierra.
Lo recuerdo claramente, mientras recorro los pasillos vacíos que
llevan a los 80 apartamentos en que fueran fragmentados los
albergues y las aulas de antaño.
Solo uno de ellos, el del administrador de la instalación, está
ocupado. En los 79 restantes, luego de la salida de los
constructores, las puertas y ventanas no han vuelto a abrirse.
Lejos de una comunidad agrícola, como anuncia el cartel de la
entrada, la Combate de Isabel María tiene la apariencia de una
comunidad fantasma y con un administrador que no tiene nada que
administrar.
Lo peor es que no se trata de un caso aislado. Los otros dos
asentamientos de este tipo existentes en la provincia, tampoco han
despertado la aceptación esperada.
En Benito Juárez, municipio de Sandino, por ejemplo, todavía no
vive nadie, y en Combate de Tumbas de Estorino, en Pinar del Río, de
un total de 80 apartamentos, solo están ocupados 32.
Manos a la tierra
La creación de comunidades agrícolas en centros educacionales en
el campo que se hallaban cerrados, se inició en el 2012, con el
propósito de aprovechar esas instalaciones para acoger a personas
dispuestas a poner a producir las miles de hectáreas que quedaron
ociosas con la salida de los estudiantes.
Miguel Ángel Plasencia, subdelegado de la Agricultura en la
provincia, recuerda que la iniciativa partió de un estudio realizado
en unas 20 escuelas que ya no se utilizaban, y abarcó un perímetro
de dos kilómetros alrededor de cada una de ellas, donde se
analizaron aspectos fundamentales como los tipos de suelos, las
fuentes de abasto de agua y las posibilidades de montar sistemas de
riego en las áreas a cultivar.
"Teniendo en cuenta todos estos elementos, se aprobó la
construcción de las tres comunidades agrícolas que tenemos
actualmente en los municipios de Pinar del Río y Sandino", afirma
Plasencia.
Ello implicó la conformación de apartamentos dotados de baño
interior y entre dos y tres cuartos, en las aulas, dormitorios,
laboratorios y cátedras de las antiguas ESBEC, y el establecimiento
de locales destinados para que los futuros habitantes pudieran
almacenar las cosechas y guardar los instrumentos de labranza, entre
otros servicios.
Piedras en el camino
Mercedes Hernández ha sido de las primeras en mudarse a la
Comunidad Combate de Tumbas de Estorino. Hace alrededor de cinco
meses que lo hizo, dada su condición de asociada a la UBPC Oscar
Sánchez Ozuna, entidad a la que pertenecen parte de las tierras que
circundan el lugar.
"Yo vivía en una casa de madera y piso de tierra. Por eso, el
cambio es muy grande", dice durante un alto en el trabajo.
En el surco de al lado, Juana Caridad Hernández también se siente
a gusto en el nuevo asentamiento. "Las casas son cómodas, y tienen
la ventaja de estar muy cerca de las plantaciones", señala.
De las 32 familias que hoy habitan la comunidad, 28 corresponden
al personal de la UBPC o a usufructuarios que recibieron tierras
hace tiempo por el Decreto Ley 259. Algo que si bien dio solución a
problemas habitacionales de gente que ya estaba vinculada al trabajo
en la tierra, no representa un incremento de la fuerza agrícola y
tiene muy poca incidencia en la reducción de las áreas ociosas.
Félix Antonio Martínez, director general de la Empresa de
Cítricos Enrique Troncoso, a cuyo patrimonio pertenecen las
comunidades y las tierras circundantes, explica que de un perímetro
de 3 333 hectáreas, hoy están infestadas de marabú 2 247.
Es una situación común en todas ellas. De las 863 hectáreas que
rodean la Combate de Tumbas de Estorino, por ejemplo, solo están
limpias 389. En tanto, en la Benito Juárez, se encuentran en
explotación 374, de las 1 479 que pudieran cultivarse. "El resto,
está cubierto de marabú intenso, y demanda equipamiento pesado para
poderse acondicionar", apunta el directivo.
Sin dudas un serio obstáculo que no se valoró suficientemente a
la hora de ubicar estos asentamientos, aun cuando la entrega de
tierras no puede supeditarse a ello.
Mucho ruido y pocos
alimentos
"En aras de motivar a las personas a integrarse a esta
experiencia, hemos abordado el tema en el periódico provincial y la
televisión, y hemos hecho un trabajo de divulgación en las oficinas
de los centros de control de la tierra en cada municipio", detalla
Félix Antonio.
No obstante, reconoce que para atraer a la gente hacia zonas
apartadas y con condiciones de trabajo tan adversas —al punto de que
a cinco años del inicio de la entrega de tierras ociosas, apenas ha
habido interesados en ocuparlas— junto a la construcción de
viviendas, se precisan otras acciones previstas cuando se concibió
esta experiencia, pero que aún no acaban de concretarse.
"En la medida que el entorno agrícola comience a transformarse,
que las personas vean que se empezó a buldocear, a instalar sistemas
de riego, la incorporación será mayor", afirma.
Sin embargo, según el subdelegado de la agricultura, hoy todavía
se trabaja en el proyecto de los sistemas de riego a emplear. En
tanto, para el año próximo solo se prevé el desmonte de 60 hectáreas
en los alrededores de cada comunidad, teniendo en cuenta el
equipamiento existente en el territorio y todas las tareas que deben
asumirse con ellos.
Ante esa situación, el director de la empresa de cítricos explica
que hoy, "la propuesta que le hacemos a las personas es incorporarse
a las comunidades, e ir limpiando áreas manualmente, con esfuerzo
propio, producir carbón en ellas y luego empezar a sembrarlas",
aunque admite que es una opción que no está en las expectativas de
la mayoría.
Un dato basta para ilustrarlo. De 250 confortables apartamentos
que fueron inaugurados a principios de año, solo se han ocupado 32.
A estas alturas uno se pregunta: ¿cuál ha sido el sentido de esta
inversión, que al cabo de tanto tiempo, aún no reporta provecho
alguno?
En medio de su soledad, las tres comunidades pinareñas, son lo
contrario de lo que deberían ser. Parecieran alertar, con su
abandono, que antes de asumir cualquier proyecto se impone razonar
con objetividad si existen condiciones para llevarlo a cabo. De lo
contrario, la inmovilización de recursos que hacen falta en otra
parte, o incluso el despilfarro, seguirán formando parte de nuestra
cotidianidad.
Al respecto, los Lineamientos aprobados en el VI Congreso del
Partido, señalan textualmente que "las inversiones fundamentales a
realizar responderán a la estrategia de desarrollo del país a corto,
mediano y largo plazos, erradicando la espontaneidad, la
improvisación, la superficialidad, el incumplimiento de los planes,
la falta de profundidad en los estudios de factibilidad, etc."
Teniendo esto en cuenta, ¿acaso no habría resultado más apropiado
intervenir integralmente en una sola comunidad, o en dos —incluyendo
el desbroce y los sistemas de riego— antes que dedicar todos los
recursos y esfuerzos a la creación de cientos de viviendas que
debido a la falta de otras condiciones para trabajar la tierra, la
gente se resiste a habitar?
Hasta el momento, la vida indica que sí. |