La
Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (Oacdh)
expresó hoy preocupación por la violencia de los últimos días en
Libia, y condenó la muerte y el encierro de manifestantes pacíficos.
En una nota de prensa, la vocera Ravina Shamdasani
demandó a las autoridades libias "una pronta e imparcial
investigación sobre los hechos, y que los responsables de las
ejecuciones y los abusos de los derechos humanos sean llevados ante
la justicia".
El pasado viernes, miembros de la milicia de Misrata
dispararon en Trípoli con ametralladoras pesadas y fusiles de asalto
contra los participantes en una marcha convocada por el ayuntamiento
para demandar su salida de esta capital, ataque que dejó más de 40
muertos y cientos de heridos.
Aunque casi todas las víctimas fatales se produjeron
ese día, han ocurrido otras en jornadas sucesivas, escenario que
parece revelar una escalada en los choques armados, advirtió la
portavoz.
La Oacdh denunció además el arresto de personas por
brigadas paramilitares, por lo cual exigió "su inmediata liberación
o procesamiento legal, con un trato humano, digno y garantías
jurídicas".
Desde el derrocamiento en 2011, a partir de una
agresión militar de la OTAN, del gobierno liderado por Muamar Gadafi,
grupos armados se disputan el control de diversas regiones del país
árabe, cuya riqueza petrolera siempre ha estado en la mira de las
potencias occidentales.
Un frágil gobierno de facto, una economía endeble y
un floreciente mercado negro de armas se combinan en la nación
norafricana para provocar un panorama de inestabilidad, sobre el que
llaman la atención organizaciones humanitarias, expertos y
defensores de los derechos humanos.
A propósito de ese escenario de violencia sectaria,
la Oacdh llamó a evitar el incremento de los enfrentamientos y a la
adopción de un compromiso con el diálogo pacífico.
"Urgimos a todas las partes a evitar una escalada de
violencia, y al gobierno le pedimos que renueve sus esfuerzos en
sintonía con sus obligaciones bajo las leyes internacionales para
garantizar el respeto al derecho a la vida y a la protesta
pacífica", señaló la vocera.
Un día antes del asesinato de decenas de civiles, el
Consejo de Seguridad de la ONU había analizado la situación en
Libia, desde la óptica de la Corte Penal Internacional (CPI).
En la presentación del sexto informe de la CPI sobre
el caso libio, la fiscal Fatou Bensouda advirtió que el actual
escenario dificulta la gestión de su oficina, a la que en febrero de
2011 el Consejo refirió al país árabe, como parte entonces de las
acciones para derrocar a Gadafi, quien fue asesinado. Según Bensouda,
Libia vive marcada por los coches bomba, los secuestros y los
asesinatos de funcionarios públicos y agentes de seguridad.
"También despierta gran preocupación que miles de
detenidos continúen en condiciones de incertidumbre, con muchas y
aparentemente bien fundadas alegaciones de torturas y hasta
ejecuciones bajo custodia", dijo.
La fiscal mencionó además como "igualmente
alarmante" las tensiones en torno a la minoría étnica de Tawergha,
poblado ubicado a unos 60 kilómetros de la norteña ciudad de Misrata,
donde las fuerzas anti-Gadafi realizaron una limpieza de las
personas de piel negra.