Libia, el país olvidado

RAMADÁN ARCOS

Libia pasó del país que ocupaba el primer puesto en índice de desarrollo humano de África, con fortaleza económica y elevada esperanza de vida del continente, a ser un lugar inhabitable.

FOTO: ReutersLas bandas imponen su ley con las armas.

Mientras la atención de los grandes medios de comunicación se centró en el golpe de Estado en Egipto y el ataque con gas venenoso en Siria, poco ha trascendido sobre la profunda crisis económica y política en Libia tras la muerte de Muammar Al Gadafi, hace dos años.

La situación del país es incontrolable. Los atentados a políticos, activistas, jueces y servicios de seguridad parecen lo más natural del mundo. La intervención occidental en el país ha instaurado un Estado inconsistente, como en Iraq y Afganistán.

La poca información que llega de ese país muestra una nación desintegrada y un territorio controlado por varios grupos armados. El experto ruso en Oriente Medio, Yevgueni Satanovski, dijo a RT que "Libia ya no existe como país; la situación actual es que algunas personas que disponen de la cantidad suficiente de armas luchan por la exportación del petróleo y el control de territorios".

Según Satanovski, estos grupos comprenden uniones tribales, milicias y formaciones islamistas de varios tipos, incluidos partidarios de Al Qaeda.

Libia tiene las reservas más importantes de petróleo del norte de África, pero como consecuencia del caos que reina en el país, la extracción se ha detenido prácticamente. Por contradictorio que pueda parecer, en estos momentos se importa parte del combustible necesario para la generación eléctrica.

Otros servicios básicos se han visto igual de afectados. En septiembre pasado se saboteó el aprovisionamiento de agua en Trípoli, lo que provocó escasez en la capital.

Aunque parece alarmante la situación, lo más preocupante es la "radicalización" del país. Los islamistas se apoderan de territorios enteros y despliegan hombres armados en los controles de las ciudades de Bengasi y Derna.

El impacto de la desestabilización en esta nación africana se extiende por toda la región. Varios tipos de armas pesadas han caído en manos de las milicias, tras el desmoronamiento del poder central libio. El Libyan Islamic Fighting Group (LIFG), una de esas milicias, junto con los rebeldes islamistas de Mali y los tuaregs (pueblo de tradición nómada del Sahara), se apropiaron del norte del país durante algunos meses.

Asimismo, la toma de rehenes en un centro de extracción de gas en Argelia a principios de año se hizo partiendo desde Libia. Además, varios especialistas consideran que la nación norafricana es una base de operaciones de la oposición armada siria.

Dentro de la tragedia, resulta difícil anular los efectos de la invasión, en medio de la crisis de gobernabilidad que enfrenta la nación, y mucho menos prever un periodo de paz para su pueblo, cuando hay muchos intereses alrededor de un país en caos, cuyas riquezas siguen siendo igual de tentadoras para las potencias que propiciaron el desastre.

 

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