En 1979, inició en China un proceso de transformaciones
socioeconómicas encaminadas a desatar las fuerzas productivas del
país. El modelo de desarrollo implementado descansaba en el fomento
de la inversión extranjera y la exportación, con excelentes
resultados sostenidos durante décadas, que le permitieron acumular
un superávit de varios billones de dólares.
La economía china también supo maniobrar para sobrevivir al
estallido de la burbuja financiera internacional en el 2008.
No obstante, ahora el gigante asiático tiene un "sueño": duplicar
el Producto Interno Bruto nacional y la renta per cápita para el
2020, comparando esos indicadores con los logrados en el 2010,
cuando el país creció un 10,3 %. Para ello, el presidente Xi Jinping
ha dicho que la nación debe realizar reajustes estratégicos en su
estructura económica y ganar eficiencia en el mecanismo de
supervisión estatal.
El Gobierno aspira a que cada uno de los 1 300 millones de chinos
pueda disfrutar por igual de los beneficios del desarrollo, y hacia
esa meta van dirigidas las medidas dadas a conocer por el XVIII
Comité Central del Partido Comunista (PCCh) en su tercera plenaria,
que tuvo lugar esta semana.
"El objetivo fundamental de las reformas aprobadas es mejorar y
desarrollar el socialismo con características chinas y seguir
adelante con la modernización del sistema y las capacidades de
gobierno del país", dice un comunicado emitido en la sesión de
clausura del evento.
El documento hace énfasis en la necesidad de "establecer una
relación apropiada entre el gobierno y el mercado", para otorgarle a
este último "una participación más decisiva en la asignación de
recursos".
De acuerdo con la prensa oficial, el PCCh creará reglas de
mercado justas, abiertas y transparentes, así como mejorará el
mecanismo de precios de mercado para que los negocios puedan operar
de forma independiente.
Asimismo, China emprenderá una reforma fiscal, disminuirá el
umbral de inversión extranjera, intensificará el desarrollo de las
zonas de libre comercio e incrementará la apertura de las áreas
interiores, costeras y fronterizas con vistas a crear un nuevo tipo
de relaciones entre la industria y la agricultura.
Otras medidas aprobadas son permitir a los campesinos disfrutar
de más derechos de propiedad sobre la tierra y los medios de
producción, establecer un sistema de seguridad social sostenible,
crear nuevas relaciones urbano-rurales para solucionar las
dificultades creadas por las grandes olas de migración interna y
aumentar el nivel de vida de la población en términos de acceso a
los servicios de salud, educación, etc.
También se anunció una modificación de la política de
planificación familiar teniendo en cuenta los cambios demográficos
de la nación más habitada del planeta —y a la vez envejecida—, para
satisfacer el deseo de muchas familias de tener más de un hijo (que
era el límite establecido).
Se habló de dedicar mayor cantidad de recursos al ejército y de
fomentar el desarrollo científico y ecológico.
Pero, ¿en qué consiste la naturaleza de estas reformas?
Según explicó a Granma el analista cubano Eduardo
Regalado, del Centro de Investigaciones de la Política
Internacional, a raíz de la crisis financiera en sus principales
mercados (Europa y EE.UU.), los chinos se han visto en la necesidad
de reducir su dependencia del capital extranjero y fortalecer el
mercado interno, que es el más grande del mundo.
Los productos chinos, que antes de la crisis se vendían muy bien,
porque eran más baratos, comenzaron a verse perjudicados por la
competencia que les hacían los productos europeos y estadounidenses
(o sea, de los mismos países a los que les vendían). Al mismo
tiempo, los chinos han aumentado su poder adquisitivo, y eso abre la
interrogante de: ¿por qué venderles a otros si en China ya nos
pueden comprar?
Para Regalado, estas medidas de ajuste buscan elevar aún más el
nivel de vida de la población e ir cerrando las brechas en el
desarrollo entre las zonas rurales y las urbanas. También darían
solución a dificultades internas del país, que se han producido como
consecuencia del propio desarrollo, como la contaminación ambiental,
la migración del campo a la ciudad, entre otros.
Además, una transformación importante que se avizora en las
proyecciones de los dirigentes chinos será el salto de un modelo de
crecimiento extensivo, donde el país crece más en la medida que va
abriendo un mayor número de fábricas, y a otro de crecimiento
intensivo, en el que se le otorga un rol más significativo a la
ciencia y la técnica en los procesos de producción, un modelo que a
la vez se preocupa más por ser ecológico y que depende menos del
exterior.