Si mañana un huracán volviera a arrasar los tendidos eléctricos
de la provincia, dejándola una vez más a oscuras, en su pequeña
finca apenas lo notarían.
De hecho, aseguran que la vida continuaría su curso, casi con
total normalidad.
Según Lorenzo Mauri, el principal promotor de esta iniciativa, el
objetivo ha sido demostrar la importancia de la energía renovable en
situaciones de desastre.
"En Pinar del Río hemos sido castigados muchas veces por los
ciclones, y cada vez que ha ocurrido la población ha tenido que
enfrentar serias dificultades con el abasto de agua, la cocción de
alimentos y la iluminación de las viviendas, debido a los daños en
el sistema eléctrico.
"De modo que nos propusimos demostrar que las cosas podrían ser
diferentes", asegura Lorenzo.
"Empezamos construyendo un molino de viento para abastecernos de
agua", describe.
Gracias a él, junto a su hermano Armando, logró iniciar el
desarrollo de la pequeña finca que rodea la casa de la familia, en
el municipio de Consolación del Sur.
"Aquí nunca se había sembrado nada, porque eran suelos arenosos,
de muy mala calidad y sin posibilidades de riego —dice—, pero con el
agua que comenzamos a extraer mediante el molino, hicimos que las
primeras plantas de frutales pudieran prosperar".
Al mismo tiempo, emprenderían la cría de animales y de aves de
corral, y con ellos vendría la idea de utilizar las excretas para
obtener biogás.
"El segundo paso fue construir un biodigestor de campana
flotante, con capacidad para 1,5 metros cúbicos de biogás por día".
Además de la cocción de alimentos, la producción de este tipo de
combustible ha servido para la iluminación mediante una lámpara y
para la soldadura y el corte de metales.
"Todos los hierros que hemos usado en la construcción de los
corrales los hemos picado con él", afirma Lorenzo, quien incluso ha
conseguido hacer trabajar un motor de combustión interna y generar
electricidad con el biogás.
"Para nuestra familia, el empleo de estas fuentes de energía ha
tenido un impacto muy grande. Por un lado hemos rebajado
significativamente el consumo de electricidad, al punto que hoy
estamos pagando tres veces menos que antes.
"Unido a ello, mediante el agua del molino y el abono orgánico
que se obtiene con el biodigestor, hemos podido echar adelante una
finca de frutales donde no se daba nada".
Ante tales resultados, con la colaboración de la filial pinareña
de Cubasolar, Lorenzo decidió convertir el espacio en un polígono
demostrativo, donde ha ido incorporando nuevos medios.
Entre ellos un panel solar, que alimenta los bombillos y
garantiza el calor para las aves de corral cuando son pequeñas, y un
fogón solar para calentar agua.
"De las bondades de las fuentes renovables de energía se habla
mucho, pero cuesta trabajo encontrar un sitio donde se empleen de
verdad. Por eso he tratado de concentrar aquí múltiples usos, pues,
como dice el dicho, vista hace fe", argumenta.
No obstante, advierte que todavía le quedan aplicaciones por
incorporar. "La próxima será echar a andar un refrigerador con
biogás", anuncia este hombre que ha sabido llevar adelante la
curiosa iniciativa, en el tiempo libre que le deja su trabajo como
jefe de taller automotor en la Empresa Eléctrica pinareña.
"Sin duda, ha sido algo complicado, que ha demandado estudio y
mucho esfuerzo, pero vale la pena. A medida que uno se adentra en
este tema, comprende cuántas cosas se podrían hacer, que ayuda-rían
a ganar en eficiencia y a proteger el medio ambiente, para poderles
legar a nuestros hijos un mundo sin tanta contaminación", concluyó
Lorenzo Mauri.