La bendición de la tierra

Un destacado agricultor cienfueguero confirma que, con voluntad, el mínimo pedazo de suelo se convierte en tesoro

Julio Martínez Molina

CIENFUEGOS.— Le llamaron loco cuando, casi tres años atrás, se dio a la tarea de limpiar un basurero situado en una zona de Cienfuegos con escasa presencia de agua. Pero Higinio Hernández Montes de Oca hizo oídos sordos y continuó adelante, al calor del Decreto Ley 259. Él tenía confianza en lo que estaba haciendo.

foto del autorLa producción de flores de Higinio garantiza una buena parte de las que requieren los servicios comunales en la ciudad de Cienfuegos.

El campesino, asociado a la Cooperativa de Crédito y Servicios (CCS) Jorge Alfonso, no se equivocó. Quien persevera, triunfa, y tras 30 camiones de escombros sacados —con la ayuda de sus compañeros de la cooperativa—, el desbroce del marabú y el destronque, comenzó a sembrar en una escasa área de 1,5 hectáreas; luego expandida a tres. Muy pronto será mayor, en virtud del Decreto Ley 300, al cual se acogió.

Evoca como, a base de esfuerzo y sacrificio, trajo agua a su finca Los Pozos. Hoy día, gracias a su permanente labor de exploración de la zona, encontró un manantial que le asegurará el líquido para las distintas plantaciones que en la tierra de Higinio crecen.

Además de garantizar una buena parte de las flores que Comunales emplea en los arreglos florales y ceremonias del territorio (gracias a las 60 especies que existen en sus terrenos), el agricultor siembra cultivos varios y vegetales, y estimula la práctica de la acuicultura, tanto en su área como en las de otros campesinos del consejo popular Paraíso.

"En la finca, donde trabajo acompañado por cuatro obreros de mucha confianza para mí, produzco yuca, tomate, pepino, plátano, ají y café. Los 3 000 cafetos que planté hace un año y dos meses ya están en reproducción. Por primera vez, entregaré el grano, sembrado en llano, pero vigoroso como si fuera de montaña", dice.

Aprovecho la sombra proyectada por los ele-vados platanales "macho" y "Johnson", junto a su fresco natural, para que el café superviva, sano y lozano, en estas condiciones, prosigue.

Higinio cree "en la bendición de la tierra, no hay verdad más grande en este mundo. Solo requieres de voluntad, fe, más algo de paciencia para hacer producir un pedazo de suelo. La mínima área se convierte en un verdadero tesoro cuando la atiendes".

Y de celo o cuidado no carece su finca, famosa por su limpieza, atención y, sobre todo, por el aprovechamiento de la superficie. Es que Higinio es un auténtico devoto de la variedad de los cultivos, de manera que tiene plantados ají y boniato entre los surcos de plátano. "Intercalar resulta básico —asegura—, porque utilizas todo el potencial de tu suelo".

A los más de cien quintales de plátano o las 100 000 flores entregados en el 2012, por consignar los aportes más relevantes, Higinio añadió la intensificación de la cría de la llamada tilapia roja (o "pargo de agua dulce", como a él le gusta llamarle) para consumo y pie de cría de colegas suyos del perímetro geográfico.

Cada día, este hombre desanda 15 kilómetros, de ida y vuelta, del centro de Cienfuegos a su finca de Paraíso, adonde llega a las 6 de la mañana y se retira doce horas después. El sitio resplandece, es motivo de alabanza colectiva y ejemplo de cuanto puede lograr el deseo de trabajar la tierra.

 

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