El campesino, asociado a la Cooperativa de Crédito y Servicios (CCS)
Jorge Alfonso, no se equivocó. Quien persevera, triunfa, y tras 30
camiones de escombros sacados —con la ayuda de sus compañeros de la
cooperativa—, el desbroce del marabú y el destronque, comenzó a
sembrar en una escasa área de 1,5 hectáreas; luego expandida a tres.
Muy pronto será mayor, en virtud del Decreto Ley 300, al cual se
acogió.
Evoca como, a base de esfuerzo y sacrificio, trajo agua a su
finca Los Pozos. Hoy día, gracias a su permanente labor de
exploración de la zona, encontró un manantial que le asegurará el
líquido para las distintas plantaciones que en la tierra de Higinio
crecen.
Además de garantizar una buena parte de las flores que Comunales
emplea en los arreglos florales y ceremonias del territorio (gracias
a las 60 especies que existen en sus terrenos), el agricultor
siembra cultivos varios y vegetales, y estimula la práctica de la
acuicultura, tanto en su área como en las de otros campesinos del
consejo popular Paraíso.
"En la finca, donde trabajo acompañado por cuatro obreros de
mucha confianza para mí, produzco yuca, tomate, pepino, plátano, ají
y café. Los 3 000 cafetos que planté hace un año y dos meses ya
están en reproducción. Por primera vez, entregaré el grano, sembrado
en llano, pero vigoroso como si fuera de montaña", dice.
Aprovecho la sombra proyectada por los ele-vados platanales
"macho" y "Johnson", junto a su fresco natural, para que el café
superviva, sano y lozano, en estas condiciones, prosigue.
Higinio cree "en la bendición de la tierra, no hay verdad más
grande en este mundo. Solo requieres de voluntad, fe, más algo de
paciencia para hacer producir un pedazo de suelo. La mínima área se
convierte en un verdadero tesoro cuando la atiendes".
Y de celo o cuidado no carece su finca, famosa por su limpieza,
atención y, sobre todo, por el aprovechamiento de la superficie. Es
que Higinio es un auténtico devoto de la variedad de los cultivos,
de manera que tiene plantados ají y boniato entre los surcos de
plátano. "Intercalar resulta básico —asegura—, porque utilizas todo
el potencial de tu suelo".
A los más de cien quintales de plátano o las 100 000 flores
entregados en el 2012, por consignar los aportes más relevantes,
Higinio añadió la intensificación de la cría de la llamada tilapia
roja (o "pargo de agua dulce", como a él le gusta llamarle) para
consumo y pie de cría de colegas suyos del perímetro geográfico.
Cada día, este hombre desanda 15 kilómetros, de ida y vuelta, del
centro de Cienfuegos a su finca de Paraíso, adonde llega a las 6 de
la mañana y se retira doce horas después. El sitio resplandece, es
motivo de alabanza colectiva y ejemplo de cuanto puede lograr el
deseo de trabajar la tierra.