—qué miras,
qué tomas— exige una lectura contextualizada y continua de los
elementos que se articulan de principio a fin en el ámbito de la
galería, donde cada pieza es a su vez preludio y fuga de un conjunto
que se transfigura en la medida que las escenas captadas por la
cámara se reestructuran en una instalación de infinitas
posibilidades asociativas.
El argumento central de la exposición alude a la necesidad de
confrontar las diversas experiencias visuales del artista con las
referencias culturales de un espectador que debe tomar conciencia de
la fragmentación de su propia memoria.
Ya sean los símbolos arquitectónicos de La Habana o París, de
Nueva York o Londres, su reubicación como detalles sobreimpuestos en
objetos y accesorios recreados por el artista implican una
subversión poética de la percepción real.
A veces Ernesto Javier roza las convenciones del collage, como en
la pieza Do not cross, pero en otras ocasiones violenta el
soporte mediante la utilización de tubos y lupas, lo cual indujo al
crítico de arte Nelson Herrera Isla, en la presentación de la
muestra, a especular sobre "el descubrimiento de un nuevo tipo de
ensayo fotográfico vinculado a la multidisciplinaridad actual".
Con esta exposición, Ernesto Javier Fernández hace causa común
con quienes en nuestro medio de muy diversas maneras y diferentes
temáticas —pienso en nombres como los de Cirenaica Moreira, René
Peña, Marta María Pérez Bravo, Nadal Antelmo, Liudmila & Nelson, y
por supuesto José Manuel Fors— desbordan el marco de la fotografía
para reconvertirla en un medio expresivo perturbador.