Desde el Golpe de Estado de 1973, la estructura política chilena
ha prescindido de los jóvenes: en la dictadura se les prohibió
votar, y en la democracia la mayoría no ha querido hacerlo. Han
crecido al margen de las decisiones nacionales; unos porque no les
interesa; otros porque no les gusta.
En el país más austral del mundo, hasta hace dos años, para
sufragar había que inscribirse y, como era de esperar, los jóvenes
que lo hacían eran una gran minoría. Hoy el escenario es otro, la
inscripción es automática y el voto es voluntario, de ahí que nadie
sabe a ciencia cierta el rol que desempeñará la juventud en las
elecciones venideras.
Es un fenómeno extraño, desde el 2006 hasta la fecha los
estudiantes han irrumpido bruscamente en la agenda política de la
nación, han puesto en jaque a dos gobiernos y por presión de ellos
han caído varios ministros de educación. Exigen educación gratuita y
de calidad, más participación política y una nueva Constitución; sin
embargo, a la hora de elegir a las autoridades, su participación ha
sido minúscula.
Desde las revueltas del 2011, esto ha comenzado a cambiar. El 17
de noviembre, día de las elecciones, varios de los nombres que
saldrán impresos en la papeleta habrán tenido una presencia intensa
en la prensa nacional. Diversos exdirigentes estudiantiles se
postulan hoy por un escaño en el Congreso.
Hay casos emblemáticos. uno de ellos es el de la expresidenta de
la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile y militante
de las Juventudes Comunistas, Camila Vallejo, candidata a diputada
por la populosa comuna de La Florida; el otro, el expresidente de la
Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, Giorgio
Jackson, quien se presenta de forma independiente por la comuna de
Santiago Centro.
Ellos, así como otros tantos representantes juveniles, buscarán
conquistar a sus contemporáneos, decepcionados de la política
chilena. No será tarea fácil; más aún para aquellos que van dentro
de la alianza La Nueva Mayoría, coalición de centro-izquierda
heredera de la Concertación de Partidos por la Democracia, pacto que
gobernó el país por 20 años y criticado fuertemente por el
estudiantado.
En cuanto a las presidenciales, hay candidatos que han recibido
abiertamente el apoyo de los jóvenes y estudiantes. una de ellas, y
pese a las críticas que le han formulado, es precisamente la
abanderada de La Nueva Mayoría, Michelle Bachelet, pues cuenta con
el apoyo de una fuerte organización, como las Juventudes Comunistas,
además de dirigentes estudiantiles de diversos colores po-líticos.
Otro presidenciable que ha irrumpido fuerte entre la juventud
chilena es el candidato de la izquierda Marcel Claude, participante
activo en las demandas estudiantiles durante todos estos años.
Claude recibió públicamente el apoyo de una de las organizaciones
universitarias más influyentes del país, la Unión Nacional
Estudiantil, y según el propio postulante a La Moneda, la mayor
fuerza electoral de su candidatura se encuentra entre la juventud.
Otros postulantes, como Marco Enríquez-Ominami y Franco Parisi,
también cuentan con cierto apoyo de las elites juveniles, siendo
este último candidato el único postulante de derecha que ha
conquistado a parte de la juventud; pues la candidata oficial de
este sector político, Evelyn Matthei, no ha sido capaz siquiera de
captar el voto de los suyos.
Los jóvenes no son cosa fácil, y mucho menos los estudiantes, que
tratan de cambiar la realidad del país pese a los muros colosales
que se les ponen en frente. Desconfían de la clase política, por eso
todo lo que se diga con respecto a su decisión son supuestos que
serán comprobados o desmentidos solo el 17 de noviembre próximo.
Hoy, el principal desafío es motivar a la generación del "divino
tesoro" a que participe en la contienda, pues en sus manos está (si
quieren) el futuro del país.
*Estudiante chileno que cursa su carrera de periodismo en Cuba