Bayamo, más joven en sus 500

Un movimiento constructivo contribuyó a rejuvenecer la urbe en su medio milenio de existencia

Dilbert Reyes Rodríguez

Bayamo celebra 500 años más allá de nostalgias y recordaciones.

El inmenso crisol histórico y cultural que significa la segunda villa fundada en Cuba, ha removido en su gente el orgullo por la ciudad querida que cumple cinco siglos el venidero 5 de noviembre.

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De izquierda a derecha, el Museo Provincial y la Casa Natal de Céspedes, ambos restaurados y con nuevos montajes.

Sin embargo, los hijos de la comarca no han limitado el saludo al sentimiento ni a la reverencia espiritual, sino que lo convirtieron en un movimiento activo de edificación, rejuvenecedor, de remozamiento.

Acompañado por un programa cultural que ha rendido homenaje a la urbe en continuas dosis de espiritualidad y creación a lo largo del año, destaca el acelerado empeño constructivo ejecutado para reanimar la villa en su medio milenio de existencia; aunque no hubiera para ello más dinero que el generado por la economía territorial, o la planificación milimétrica de cada centavo del apretado bolsillo local.

La Plaza de la Revolución, presidida por la estatua de Céspedes, recibió acciones de conservación general.

Más de 200 obras en la Ciudad Monumento hoy hacen notar el colosal es-fuerzo colectivo, gracias al cual lucen flamantes varios museos, parques, monumentos, plazas, escuelas, hospitales, entidades culturales, espacios deportivos, calles y comercios.

Precisamente porque la historia de la región es tan rica en sucesos épicos y fundacionales, es que este ha sido el primero y mayor de los motivos para impulsar las acciones constructivas.

Por eso lucen hoy mejores galas el Museo Provincial, la Casa Natal del Padre de la Patria, el antiguo cuartel Carlos Manuel de Céspedes, o la propia Plaza de la Revolución, que entre todas fue la primera liberada del yugo español.

Lugares de altísimo valor patrimonial, muchos asociados a las gestas libertarias, también fueron objetos priorizados de la rehabilitación; entre los cuales se cuentan decenas de monumentos, viviendas ancestrales, escuelas cuyas paredes cuentan vidas y hechos gloriosos, el cementerio local, estatuas, o sagrados sepulcros de héroes gigantes levantados en sitios públicos, como los del poeta José Joaquín Palma, o el patricio Francisco Vicente Aguilera.

La ampliación a cuatro vías de la entrada a la ciudad, viniendo de Occidente, hacía tiempo que era una necesidad urbanística.

En los últimos meses, también renacieron de la oscuridad y el deterioro varios parques, con nuevas luminarias, bancos, motivos artísticos y jardinería. Incluso nació uno, pequeño y casi repujado contra una de las instituciones más emblemáticas de Bayamo, pero que por el nombre y la ocasión, será símbolo del esfuerzo constructivo en saludo a la fecha: Parque 500 Aniversario.

Arrastrados también por el empuje rejuvenecedor de la ciudad, fueron re-construidas cinco escuelas —dos de elevada valía patrimonial—, así como el centenario Hospital Pediátrico General Milanés; en tanto la práctica deportiva y la recreación comunitaria gozan ahora de decenas de nuevas áreas, convertidas en flamantes gimnasios multiusos, biosaludables, o específicos para el entrenamiento del judo, la esgrima, el boxeo, el tenis de mesa o el ajedrez, este último rescatado a su tradicional espacio de la Academia Carlos Manuel de Céspedes.

Altamente reconocida en la nación, Bayamo no podía perder sus privilegios gastronómicos, y en consonancia fueron priorizados en el retoque constructivo decenas de instalaciones entre restaurantes, cremerías, cafeterías, bares, ta-bernas y mercados.

Aunque en menor grado, la capital de Granma también aprovechó los inicios de las obras de reconstrucción del acueducto de la ciudad —comenzadas por el reparto Camilo Cienfuegos— para traer hacia la céntrica calle Juan Clemente Zenea, la modernidad y seguridad del servicio de abasto que ofrecen las tuberías de PVC.

Al menos las redes hidráulicas de la mitad de la larga vía quedaron integralmente rehabilitadas, y hubiera sido casi de lujo su impacto, de no ser por la pésima calidad en la pavimentación, pues a pocos días ya se notaban hundimientos en la avenida, que obligarán ahora a cortar y reparar, a fin de salvar la obra y las propias tuberías.

No hay dudas de que esta peca se corregirá, e incluso se compensará con nuevas ejecuciones, como las que actualmente suceden a un ritmo intenso en la entrada principal de la ciudad, viniendo desde Occidente. Allí la estrecha carretera se amplía a cuatro vías con un paseo incluido, y desde el próximo día 5 debe incorporarse como un moderno detalle que resalte la estatura urbanística de la ciudad.

De los toques finales, vísperas de la celebración, todavía se nota en las calles la pintura de fachadas con colores vivos, el montaje de escenarios, el ajetreo común del engalanamiento para una fiesta.

Bayamo, en fin, con sus propias fuerzas y su propia gente rompió de cierto modo la inercia que suele acompañar a los recuerdos más vetustos. En su condición de ciudad fundacional, de villa primigenia, no se resistió a la calma del libro viejo bajo el polvo del archivo, ni a la herrumbre del tiempo, ni a los bajos ánimos que suelen contagiar las nostalgias y las remembranzas.

La ciudad llegó despierta a sus primeros 500 años, hizo bastante por sí misma; aunque su gente sabe que hay muchísimo más por hacer, en reverencia, claro, a la historia fecunda que le acompaña, pero sobre todo, con la mirada fija en un futuro de mayor modernidad y progreso.

 

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