La presentación del espectáculo Nriyarupa, por integrantes
de la Sangeet Natak Akademi (Academia Nacional de Danza, Música y
Drama) en el teatro Mella, no solo marcó la inauguración oficial del
Festival de la Cultura India en Cuba, que se desarrolla hasta el
próximo 5 de noviembre, sino que enriqueció la agenda del XV
Festival de Teatro de La Habana.
En la India las danzas clásicas han sido cultivadas al me-nos a
lo largo de unos 2 mil 500 años, de acuerdo con testimonios
documentales. Se tiene como referencia el Nâtyashâstra,
tratado artístico que data de 400 años antes de nuestra era, que en
38 capítulos describe reglas musicales, danzarias y poéticas,
clasifica caracteres y dicta normas para la representación corporal
de los sentimientos e incluso fija detalladamente 67 posiciones de
las manos y 36 expresiones oculares.
La Academia, fundada en 1953, se ha encargado de preservar y
desarrollar ese legado sobre la base de un riguroso programa de
formación de coreógrafos y bailarines, con énfasis en ocho estilos
que constituyen la columna vertebral de ese tesoro.
Nriyarupa se define como un mosaico. Muestra algunos de esos
estilos en un espectáculo panorámico concebido especialmente para la
escena. No es posible de otro modo transmitir en poco más de una
hora la riqueza de cada una de las danzas. Por ejemplo, el
Bharatanatyam, originario del sur y en el que se invoca a
Ganesha, eliminador de obstáculos (¿acaso la versión india de
Elegguá?, podría aventurar un especialista en religiones comparadas)
consta de siete largas partes en su desarrollo.
La muestra comenzó bajo la advocación de Nataraya Shiva, el rey
de los bailarines. A su alrededor virtuosas danzantes y un
intérprete masculino que exhibió sus mejores dotes en un ritual
guerrero, derrocharon técnica, expresión y espiritualidad en sus
evoluciones coreográficas. La más electrizante de todas, debido a
una subterránea conexión con nuestro modo de entender la danza, fue
el Kathak, por el prodigioso trabajo con los pies en el
seguimiento de variaciones polirrítmicas vertiginosas. Con esta y
las restantes demostraciones se puso en evidencia, además, cómo en
el concepto de la danza clásica la música no es factor acompañante
sino visceral.
La ovación que premió a los artistas de la Sangeet Natak Akademi
se extendió también a quienes propiciaron un evento tan esencial y
deslumbrante: los Ministerios de Cultura de ambos países y la
Embajada de la India en Cuba.