El reino de Nataraya Shiva

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Bailan con todo el cuerpo: pies y brazos, manos y rostros, hasta la mirada baila. Y si se observa mejor, es posible también apreciar cómo el cuerpo obedece a razones espirituales más profundas, largamente enraizadas.

foto: Yander ZamoraSe despide hoy a las 5:00 p.m. en el teatro Milanés, de Pinar del Río, el espectáculo de danzas clásicas de la India.

La presentación del espectáculo Nriyarupa, por integrantes de la Sangeet Natak Akademi (Academia Nacional de Danza, Música y Drama) en el teatro Mella, no solo marcó la inauguración oficial del Festival de la Cultura India en Cuba, que se desarrolla hasta el próximo 5 de noviembre, sino que enriqueció la agenda del XV Festival de Teatro de La Habana.

En la India las danzas clásicas han sido cultivadas al me-nos a lo largo de unos 2 mil 500 años, de acuerdo con testimonios documentales. Se tiene como referencia el Nâtyashâstra, tratado artístico que data de 400 años antes de nuestra era, que en 38 capítulos describe reglas musicales, danzarias y poéticas, clasifica caracteres y dicta normas para la representación corporal de los sentimientos e incluso fija detalladamente 67 posiciones de las manos y 36 expresiones oculares.

La Academia, fundada en 1953, se ha encargado de preservar y desarrollar ese legado sobre la base de un riguroso programa de formación de coreógrafos y bailarines, con énfasis en ocho estilos que constituyen la columna vertebral de ese tesoro.

Nriyarupa se define como un mosaico. Muestra algunos de esos estilos en un espectáculo panorámico concebido especialmente para la escena. No es posible de otro modo transmitir en poco más de una hora la riqueza de cada una de las danzas. Por ejemplo, el Bharatanatyam, originario del sur y en el que se invoca a Ganesha, eliminador de obstáculos (¿acaso la versión india de Elegguá?, podría aventurar un especialista en religiones comparadas) consta de siete largas partes en su desarrollo.

La muestra comenzó bajo la advocación de Nataraya Shiva, el rey de los bailarines. A su alrededor virtuosas danzantes y un intérprete masculino que exhibió sus mejores dotes en un ritual guerrero, derrocharon técnica, expresión y espiritualidad en sus evoluciones coreográficas. La más electrizante de todas, debido a una subterránea conexión con nuestro modo de entender la danza, fue el Kathak, por el prodigioso trabajo con los pies en el seguimiento de variaciones polirrítmicas vertiginosas. Con esta y las restantes demostraciones se puso en evidencia, además, cómo en el concepto de la danza clásica la música no es factor acompañante sino visceral.

La ovación que premió a los artistas de la Sangeet Natak Akademi se extendió también a quienes propiciaron un evento tan esencial y deslumbrante: los Ministerios de Cultura de ambos países y la Embajada de la India en Cuba.

 

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