Las afectaciones provocadas por el bloqueo norteamericano a
nuestro país en el sector de la Cultura fueron expuestas a la prensa
en la sede de la Agencia Cubana de Derecho de Autor Musical (ACDAM),
por Susana Llorente, Marta Caballero y Benigno Iglesias,
vicepresidentes respectivos del Instituto Cubano de la Música (ICM),
Artex S.A. y del Instituto Cubano del Arte e Industria
Cinematográficos (ICAC).
Mientras la directivo del ICM, quien atiende las Relaciones
Internacionales, dio a conocer cómo en este periodo en tierras
estadounidenses se presentaban 51 proyectos de trabajo con la
participación de 365 músicos y técnicos cubanos, con la prohibición
de poder comercializar sus presentaciones y recibiendo sólo un
viático para sufragar sus gastos diarios; la representante de Artex
S.A., a cargo de la Imagen y Desarrollo en su entidad, expuso cómo
el servicio de distribución de música digital Soy Cubano, de su
empresa, no tiene acceso de forma directa a empresas norteamericanas
de distribución mayorista en ese país con un alto poder en el
mercado mundial. Ello, dijo, obliga a utilizar empresas
intermediarias, con la consecuente disminución del margen comercial.
Una situación parecida sucede en el ICAIC, donde en los créditos
de las películas nacionales no puede aparecer la tecnología de
sonido Dolby, desarrollada por esa empresa estadounidense, debido a
las limitaciones del bloqueo; y para acceder al mercado
internacional del cine nos vemos obligados a asociarnos con
coproductores extranjeros, con el fin de adquirir las licencias
correspondientes.
Otra entidad cubana que ha visto afectada sus relaciones
económicas con los Estados Unidos es la empresa RTV Comercial,
encargada de exportar los servicios que generan la Radio y la
Televisión cubanas. Según recoge el Capítulo II del Informe sobre la
resolución 67/4 de la Asamblea General de las Naciones Unidas,
titulada Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y
financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba,
esta empresa no puede comercializar sus productos audiovisuales en
el mercado estadounidense y otros de la región, debido al control
ejercido por el capital proveniente de los Estados Unidos.
En todos los casos los participantes coincidieron en señalar que
esta brutal e injusta medida, independientemente de las afectaciones
que provoca al sistema nacional de la cultura en el país, interrumpe
la relación cultural entre nuestros pueblos, en especial del pueblo
norteamericano quien se ve limitado en poder adquirir —como
quisieran— los discos de nuestros músicos.