Sin Marta Valdés (La Habana, 1934), la canción cubana no sería la
misma. Antes estuvo la trova, la de siempre, y junto a ella los
muchachos y las muchachas del filin con sus rupturas inéditas y
giros atrevidos, y la que ha venido después, ahora mismo, casi
mañana.
Pero sin Marta sería imposible transitar el puente entre la
tradición y la actualidad. Ella nos enseñó
—nos enseña todavía— que la sencillez no es simpleza, que la
poesía no es arrebato, que la auténtica canción crece en un lugar
cercano al corazón.
Víctor Casaus lo sabe y por eso la invitó a guitarra limpia a
compartir palabras y emociones en el Centro Pablo, casa de los
trovadores cubanos de todos los tiempos.
Con su saxofón soprano, Lucía Huergo definió el ambiente con la
frase inicial de Palabras, la canción que puso a orbitar en
el imaginario popular a Marta en los años cincuenta al hacerla suya
Vicentico Valdés, y una fina llovizna otoñal humedeció el
crepúsculo, la guitarra y la frágil y sensible voz de la trovadora.
A la confirmación de los clásicos Tú no sospechas, Aida,
Llora y una criolla que le pidió Humberto Solás para la banda
sonora de Lucía, se sumaron es-trenos que al difundirse
también se harán clásicos, Querida Elena —con la Burke
imbatible en la memoria— y Guitarra portilliana —a César lo
que es de César—, y todo entre la maestría de los acentos y
pulsaciones del guitarrista Rey Ugarte, la complicidad juglaresca de
Heidi Igualada y Marta Campos, la condición virtuosa y vital de Yusa
y el descubrimiento del dúo Jade.
Y luego el reencuentro entre Marta y Gema Corredera. La
espléndida y madura intérprete que alguna vez de muchachita izó como
bandera una pieza que Marta compuso para darle más aire a las
representaciones de El cangrejo volador, de Onelio Jorge,
electrizó literalmente al auditorio con sus versiones de la obra de
la maestra, entre ellas Tengo, incluida en su último disco.
"Querido Centro Pablo: yo creo que a mí no se me va a olvidar más
nunca el sábado 26 de octubre del 2013", escribió Marta como una
premonición en las notas al programa. Vaticinio cumplido: quienes
fuimos testigos del acontecimiento tampoco lo vamos a olvidar.