Kiril Krok, director general del Teatro Estatal Académico
Vakhtángov, explica las fuertes motivaciones del inminente
acontecimiento: "Nos hemos presentado en diversos lugares del mundo;
recuerdo las no muy lejanas funciones en Atenas, donde nos emocionó
saber que estábamos en la cuna de una de las expresiones más
importantes de la cultura occidental y estábamos conscientes del
glorioso pasado encarnado en Esquilo, Sófocles y Aristófanes, pero
la cercanía de Cuba la estamos viviendo de otra manera, como si
fuéramos al encuentro de viejos amigos".
"En nuestro imaginario —precisó— Cuba siempre ha estado presente.
Rusos y cubanos hemos compartido muchas cosas que no se olvidan y
algo en que nos parecemos es en el compromiso con la cultura, y
especialmente, con la cultura teatral. Conocemos de primera mano el
interés del público cubano por apreciar las más diversas fuentes de
la escena y de las autoridades del Ministerio de Cultura y el
Consejo Nacional de las Artes Escénicas por desarrollar la vitalidad
de la actividad teatral. No podemos hacer menos que llegar a La
Habana con lo mejor de nosotros".
Anna Karénina, montaje seleccionado para la ocasión, versiona
la obra clásica de Lev Tolstoi, respeta y renueva el original, y
propone una intensa y revolucionaria aproximación a sus vigentes
principios dramáticos.
No debe olvidarse que la convocatoria al Festival Internacional
de Teatro de La Habana conmemorará el aniversario 150 del nacimiento
de Konstantin Stanislavski, actor, director y pedagogo ruso que
desarrolló un método de actuación ampliamente di-fundido en el
mundo. Evgueni Vakhtángov se contó entre los discípulos de
Stanislavski, pero lejos de convertirse en un epígono del maestro,
partió de sus enseñanzas para crear una manera de entender y
proyectar la escena.
"Ustedes podrán ver una puesta en escena que responde a una de
las principales líneas de trabajo de nuestro colectivo —explica Krok.
Verán una obra puramente gestual, en la que no median las palabras,
por tanto la barrera del idioma es inexistente. Gustamos de nuestros
clásicos, pero no podemos limitarnos a reproducir lo que ya se ha
hecho. El público de hoy no nos lo perdonaría. Pienso que Vakhtángov,
nuestro fundador, tampoco. Él fue un hombre de la vanguardia en su
tiempo".
Evgueni Vakhtángov (1883–1922) integró a partir de 1911 el Teatro
de Arte de Moscú hasta que en 1920 se hizo cargo de un estudio
teatral propio. Además de las enseñanzas de Stanislavski asimiló las
experiencias de Vsevolod Meyerhold y Vladimir Nemirovich-Dánchenko,
dos de los más revolucionarios exponentes escénicos de la época en
Rusia. Lee Strasberg, fundador del norteamericano Actors Studio,
destacó las virtudes de Vakhtángov en la concepción de un teatro
moderno. Bertolt Brecht, quien marcó la diferencia con el Método
Stanislavski, reconoció en el legado de Vakhtángov unas cuantas
lecciones, entre ellas: "Que el teatro es teatro; el cómo y no el
qué; más composición; máxima in-ventiva e imaginación".
A lo largo de nueve décadas de trabajo ininterrumpido —incluso
durante la Gran Guerra Patria—, el teatro Vakhtángov ha cimentado su
fama en el panorama escénico moscovita y no hay función a la que el
público no responda. En el número 26 de la calle Arbat, una de las
más renombradas vías de la ciudad, tiene su sede.
"Pues sí —apuntó Krok—, habrá un pedacito de la calle Arbat en La
Habana. Es un sueño que se hará realidad entre ustedes y nosotros".