La ruta del taekwondo

Aliet Arzola Lima

Recientemente abordamos algunos rasgos y singularidades que han permitido al taekwondo cubano un ascenso meteórico, al cual pretenden dar continuidad una vez establecidos en la elite universal de la disciplina con su segundo escaño en el Campeonato Mundial de Puebla, México.

El ascenso de Rafael Alba hasta campeón del mundo se debe a un riguroso trabajo de seguimiento desde las categorías inferiores.

Para ello, el colectivo de preparadores ha desarrollado un sistema de entrenamiento, a raíz del que puede, incluso, hablarse del surgimiento de una escuela cubana de taekwondo, sin los lujos ni la experiencia de las principales potencias, pues el deporte solo se practica en el archipiélago hace 26 años.

"En otros lugares del mundo existen pat chagui electrónicas, elementos con los que se pueden modelar en la preparación la forma de patear el peto en la competencia, pero nosotros no contamos con todos estos adelantos, y tampoco podemos abusar de los petos que tenemos, porque son muy sensibles y si se dañan es muy complicado recuperarlos. Planificamos utilizarlos solo en controles internos, test pedagógicos y alguna competencia, de manera racional y eficiente", explica Ramón Arias, guía de la escuadra femenina.

Lo cierto es que ninguna de estas limitaciones constituye una excusa para todo el colectivo de la disciplina, que ha buscado variantes a fin de contrarrestar el déficit de sesiones preparatorias con los implementos electrónicos.

"Hay que encontrar alternativas, por ejemplo, elevar la motivación de los atletas en los entrenamientos, mejorar la calidad de los contenidos, hacer más eficiente la preparación física, seguir trabajando, esforzarnos a pesar del calor y la confluencia de los dos equipos en el mismo gimnasio, hasta que logremos el nivel técnico y el pensamiento táctico que pretendemos, pues a fin de cuentas en este deporte la condición determinante es la capacidad táctica", afirma Arias.

"En este sentido, hemos aumentado el trabajo a la cabeza, lo mismo al ataque que al contraataque, tienen que crearse el hábito de patear arriba. Para no ir muy lejos, en el Mundial de Puebla, la única que tuvo dificultades con esta táctica fue la que se quedó sin medallas, las que basaron sus maniobras en las técnicas con giro y el golpeo arriba garantizaron un puesto en el podio. Glenhis Hernández, por ejemplo, siempre obtuvo los puntos decisivos de esa forma", reseña.

Precisamente, además de las dinámicas en los entrenamientos, la técnica y la táctica de los representantes cubanos también se distingue del resto del mundo, así como la forma de ejecutar la tuit chagui, patada que reducida a un solo movimiento da la posibilidad de la anticipación en los contraataques.

"Si consolidamos y estabilizamos los resultados aumentaría el prestigio y el respeto hacia nuestros preceptos, aunque para lograr eso debemos alcanzar la perfección en cada estrategia, algo que solo será posible si trabajamos e inculcamos correctamente los conocimientos desde la base, pasando por la reserva hasta el equipo nacional", señala René García, uno de los encargados del plantel masculino.

Con estas ideas bien claras, la ilusión del taekwondo es ponerse a la altura de la lucha, el judo o el boxeo. "Pretendemos que la gente tenga confianza en que no haremos quedar mal a los deportes de combate. Ojalá algún día nos vean con la misma admiración que a Alcides Sagarra, Pedro Val o Ronaldo Veitía, ellos abrieron el camino y demostraron que se puede", concluye García.

 

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