Un pitcher que posea buena velocidad tiene la gran ventaja
de poder quitarle o ponerle a sus envíos; el que no supera las 84-85
millas ha de buscar más recursos pues no puede "pasar" a sus rivales
con una recta.
Por todas estas razones, llama poderosamente la atención ver en
nuestras últimas Series Nacionales a muy pocos monticulistas con el
extra suficiente en sus envíos. Resulta difícil ver a un
serpentinero de cualquier equipo topar las 90 millas, que es la
medida aceptada universalmente para comenzar a hablar de velocidad
en el béisbol, a pesar de que entre los 16 elencos de nuestro
clásico se agrupan más de 200.
Pero, ¿de qué depende el tirar duro? Según varios entrenadores de
nivel, el 70 % del éxito a la hora de tratar de lanzar una pelota a
90 millas o más está en el trabajo de las piernas y la cintura, otro
25 % en la técnica y so-lo un 5 % en la fuerza del brazo, que no
necesita ser voluminoso sino más bien flexible.
No poseo elementos para conocer a ciencia cierta si nuestros
lanzadores ejercitan sus piernas como debe de ser, habría que
dedicar tiempo a observar cada entrenamiento. Pero la técnica —ese
importante 25 %, la cuarta parte del éxito—, presenta serias
dificultades, especialmente cuando se trata de tiradores inexpertos,
acabados de salir de las filas juveniles y enfrentados al duro reto
de una Serie Nacional.
La gran mayoría no saben sacarle partido al peso corporal puesto
en función del envío de la pelota, partiendo de un inicial problema:
la mayoría están por debajo en la relación talla-peso. Y resulta muy
difícil lanzar sistemáticamente por encima de las 90 millas si no se
tienen las libras necesarias. El promedio de peso de los lanzadores
en los equipos de nivel profesional es el más alto en relación con
el resto de las áreas. Un reputado técnico cubano ya desaparecido,
Juan Ealo de la Herrán, recomendaba: "una estatura de 1,83 y un
aproximado de 86 kilogramos, con brazos largos y manos grandes para
facilitar el agarre de la pelota, condiciones adicionales que
favorecen al pitcher."
Soy de la opinión de que, a la hora de escoger prospectos,
nuestros técnicos deben afinar la puntería, observar detenidamente
el físico de los futuros lanzadores. Baja estatura, insuficiente
peso corporal, extremidades cortas, son características que se
observan en muchos de nuestros serpentineros. Muy pocos salen
airosos, lo que recuerda aquello de que "las excepciones confirman
la regla".
No solo tirar duro es la clave del éxito a la hora de pararse en
un montículo. Sin embargo, no hay dudas de que es un arma poderosa,
un elemento imprescindible en el arsenal de cualquier monticulista.