Como
un libro totalmente triste ha calificado el poeta Ángel Martínez
Niubó (Fomento 1966) su más reciente poemario Azules de Mar en
sombra, rubricado con el sello editorial de Letras Cubanas.
Bien se aviene el texto, a juzgar por las referencias que se
advierten desde el primer vistazo —y también al hurgar en sus
páginas—, a la autodefinición del autor como un "cazador de
tristezas que cambia por poemas donde un hombre sueña que es feliz".
Abatimientos propios y ajenos que encuentra a diario, y hasta
otros que también se inventa, asoman desde la voz lírica en los
versos contenidos en 80 poemas que al cobijo de estos tonos sombríos
dejan ver inconformidades, frustraciones y nostalgias de algún
tiempo que no volverá y que en el presente apremia por su inevitable
fugacidad (puede llegar la noche cuidado la sombra es fértil /
cuidado los almanaques enferman de los nervios).
La muerte, la desdicha, el cansancio, la poca luz, el llanto, la
ausencia, la marchitez, el lamento, el frío y la soledad hallan
madera por donde cortar en las realidades sugeridas por los textos
de elocuentísimas aseveraciones: (en este poema se iba a escribir
sobre la felicidad,/ se iban a dar lecciones para ubicar el rumbo./
iba a ser el susto de los enemigos / y la contentación de los
nuestros./ es cierto/ en este poema se iba a escribir / sobre la
felicidad / pero.)
Interrogaciones —como la gramatical que indaga por lo que se
desconoce, pero también la que apunta a los sentidos que aquí se
desconsuelan sin encontrar respuesta— hacen acto de presencia en no
pocas de las piezas de