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Construcción de la Derivadora Guamá
Más agua en función del arroz
Ronald Suárez Rivas
PINAR DEL RÍO.—Tras una larga pausa de más de dos décadas, la
derivadora Guamá, un proyecto iniciado a finales de los años ochenta
y detenido con el periodo especial, vuelve a ser una obra en
construcción.
Desde
la inauguración de la hidrorreguladora de San Juan y Martínez, en el
año 2001, no se acometía una obra de esta envergadura en la
provincia.
El propósito sigue siendo aprovechar el agua del río del mismo
nombre, para apoyar el riego del macizo arrocero de Vueltabajo,
mediante el desvío de una buena parte del líquido que hasta ahora ha
estado desembocando en el mar.
David Zubizarreta, contratista de la derivadora, asegura que los
trabajos fueron reanudados en el mes de marzo y deberán concluir en
el segundo semestre del 2014.
Para ese momento, en un punto cercano al barrio Taironas, en el
municipio de Pinar del Río, buena parte del caudal del Guamá podrá
ser reorientado hacia la zona de Alonso de Rojas (municipio de
Consolación del Sur), donde se estima que beneficiará unas 2 100
hectáreas de arroz.
"En total, la obra deberá regular anualmente 44 millones de
metros cúbicos (m³) de agua", explica el especialista.
"De ellos, 31 millones serán enviados a la presa El Punto —un
embalse que no posee ningún afluente que le tribute directamente— a
cinco km de la derivadora, y desde allí, a través de un sistema de
canales de más de 20 km, continuarán rumbo a las zonas de cultivo".
En
jornadas de 10 horas diarias, que incluyen los sábados y los
domingos, las fuerzas de la COAI #1 llevan a cabo la construcción de
la derivadora.
En tanto, los 13 millones restantes atravesarán la cortina de la
represa, mediante una obra de toma, y seguirán el cauce normal del
río, a fin de no dañar la biodiversidad de esta porción del Sur
pinareño, ni perjudicar a los campesinos que se sirven del Guamá
para regar sus sembrados, aguas abajo.
Déjala correr... adonde
hace falta
Llevada a cabo por fuerzas de la Empresa Constructora de Obras de
Arquitectura e Ingeniería (COAI #1) de esta provincia, la inversión
ha reactivado los tres frentes comprendidos en el proyecto inicial,
y abandonados sin terminar a principios de la década del noventa,
por razones económicas.
"En la cortina de la represa, por ejemplo, solo se había tirado
el 5 % del volumen de tierra demandado; el aliviadero se encontraba
a un 50 % de su construcción, y de las cinco etapas previstas para
ejecutar la obra de toma, faltaban dos", explica Zubizarreta.
Ello significa que para concluir la derivadora, entre otras
acciones, habrá que transportar 102 000 m³ de tierra, 7 200 m³ de
diferentes tipos de áridos, colocar 2 300 m³ de hormigón, y revestir
con asfalto una superficie de 4 450 m ².
Arturo
Placeres es uno de los jubilados que han sido llamados para apoyar
la obra, teniendo en cuenta su experiencia.
Además, se deberán desbrozar con buldócer las 112 hectáreas que
conformarán el espejo de agua (o vaso) de la represa, buena parte de
las cuales estaban cubiertas de monte.
Unido a ello, será preciso llevar a cabo un mantenimiento y la
colocación de las compuertas en el canal encargado del trasvase del
agua hacia la presa El Punto, el único objeto de obra que se logró
concluir hace dos décadas.
Con premura, pero con
calidad
Según los especialistas, desde la construcción de la
hidrorreguladora de San Juan y Martínez, inaugurada en el año 2001,
no se acometía una obra de esta envergadura en Pinar del Río.
"Hace más de una década que no enfrentábamos una tarea como
esta", confirma el Máster en Ciencias Novel Hernández, quien se
desempeña al frente de la Unidad de Gestión y Dirección de la
Construcción (UGDC) en la Empresa de Servicios de Ingeniería y
Diseño (ESID).
"Por tanto, desde el primer momento, nos dimos a la tarea de
conformar un equipo con experiencia en la construcción de presas,
tanto en la etapa de proyectos, como en la de ejecución".
En tal sentido, explica que se han incorporado hombres que ya
estaban jubilados, como Arturo Placeres, un ingeniero de 74 años,
con una extensa hoja de servicios, que incluye el haber sido jefe
técnico de la hidrorreguladora de San Juan y Martínez.

"Esta es la actividad que más me gusta dentro de mi profesión, de
modo que me alegra mucho poder participar una vez más en una
inversión de este tipo", afirma Arturo.
Como él, la mayoría de los choferes y operadores que hoy
intervienen en la derivadora, también laboraron en San Juan, o en
otras similares, señala Zubizarreta, y advierte que ello ha
constituido una garantía en cada uno de los frentes de trabajo.
"Gracias a esto, se está haciendo todo como debe ser, con premura,
pero con calidad", dice.
Sin duda un buen augurio para una obra que, más allá de las
precisiones técnicas, deberá traducirse en un aumento de la
producción en el macizo arrocero de Vueltabajo —el tercero más
grande del país— a partir del aprovechamiento del agua de un río que
hasta ahora ha estado corriendo impasible rumbo al mar. |