Cuentan quienes desde entonces han vivido aquí, que luego de dos
décadas de abandono, las casas y los edificios, los jardines y las
calles, han vuelto a ser como al principio, cuando la Revolución
decidió levantar el poblado para mejorar las condiciones de vida de
cientos de familias que vivían dispersas en la serranía pinareña.
Atrás han quedado los años en que en sus áreas comunes
proliferaron los corrales de cerdos y las casas de "reguero", donde
abundaban las moscas y los roedores. Una realidad que Eladio Rivera
resume en una frase: "esto ya no era una comunidad, era un
desastre".
"Poco a poco aparecieron cuartos de desahogo, corrales de cerdos,
y se levantaron cercados para protegerlos, combinando los más
diversos materiales: mallas, tablas, alambres o lo que se
encontrara", rememora Diosdado Villarreal, otro de los pobladores de
este lugar.
René Estévez, director municipal de Planificación Física, afirma
que en total llegaron a contabilizarse más de 200 cuartos de
"reguero" y una cifra similar de corrales de aves, cerdos, chivos y
carneros en la Rafael Ferro.
"Además, aparecieron construcciones para guardar caballos, y para
otras actividades, como los molinos de granos, los tornos y los
puestos de elaboración de alimentos".
"La situación higiénico-epidemiológica se volvió complicada por
la presencia de los animales tan próxima a las viviendas, y la
aparición de ratones, moscas y cucarachas", recuerda Yuliet
Placencia, especialista del área de Salud.
Ante esa realidad, a finales del 2012, la dirección de
Planificación Física se dio a la tarea de elaborar un plan de
acciones encaminadas a cambiar la imagen de la comunidad.
"Tras hacer un levantamiento detallado de la situación, se
crearon comisiones de trabajo integradas por distintos organismos
como Salud Pública, el Poder Popular, el sistema de la Vivienda¼
, y comenzamos a reunirnos con los habitantes de Rafael Ferro para
explicarles la necesidad de generar un cambio", recuerda René.
En cuestión de días, sin necesidad de aplicar una sola multa,
solo con la persuasión de las autoridades, la inmensa mayoría de las
construcciones habían desaparecido.
"Cuando usted le explica a la población la necesidad de eliminar
estas indisciplinas, por el peligro que representa para su propia
salud, la gente apoya y acompaña", asegura Eduardo Blanco,
vicepresidente del Consejo de la Administración Municipal.
En efecto, Pablo Gil, un hombre que ya retiró la casa de desahogo
que tuvo durante años en el patio de uno de los edificios, coincide
en que "se trata de una medida en beneficio de la comunidad, por
eso, no conozco a nadie que se haya negado a cooperar".
"Estas cosas surgieron en el Periodo Especial, por la necesidad
tan grande que había; pero entendemos que hay que eliminarlas",
afirma Eladio Rivera, quien tenía una construcción similar, y además
un corral de cerdos.
En tanto, Emelina Toledo añade que "ahora todo luce más bonito,
más limpio, más saludable".
Es el resultado de un trabajo bien coordinado, que ha tenido en
cuenta la búsqueda de alternativas para que la erradicación de un
problema no termine dando origen a otros.
"Por ejemplo, para los propietarios de animales, establecimos de
conjunto con la Agricultura, un área alejada de la comunidad, donde
podrán reubicar sus corrales", explica el director de Planificación
Física.
"De la misma forma, se delimitó un área para garajes, con un
diseño establecido por los arquitectos; y se reubicaron los molinos
de arroz y demás instalaciones de quienes ejercen el trabajo por
cuenta propia".
Unido a ello, con el apoyo del Consejo de la Administración
Municipal y el concurso de los vecinos, se han reconstruido las
áreas verdes y reanimado las fachadas de viviendas, edificios e
instalaciones estatales.
Complacido con la transformación que ha tenido la Rafael Ferro,
Diosdado Villareal, una de las personas que ha vivido acá desde la
inauguración del poblado, con la presencia de Fidel, hace casi medio
siglo, advierte que se ha dado un paso muy importante, pero el
trabajo todavía no ha concluido.
"Ahora hay que estar alerta, para que lo logrado se mantenga,
porque si no somos sistemáticos, las indisciplinas pueden resurgir".