camino
hacia Damasco. Aunque el escenario real del conflicto es Siria,
Estados Unidos y Rusia tienen papeles protagónicos. Los desacuerdos
entre ambos países han llevado a algunos analistas a establecer
paralelismos con la época en que dos grandes potencias se disputaban
zonas de influencia.
"Las discrepancias entre Estados Unidos y Rusia con respecto a
Oriente Medio parecen haber vuelto a encender la mentalidad de
Guerra Fría", dijo a Granma Samuel Freeman, profesor de la
Universidad de Texas Pan-American. Según el académico, esa
mentalidad persiste aún en algunos sectores estadounidenses.
Una opinión diferente defiende el profesor titular de la
Universidad de La Habana Evelio Díaz: "Para muchos analistas las
contradicciones ruso-norteamericanas en torno al complejo conflicto
de Siria parecen reproducir un episodio de la llamada Guerra Fría.
Pero es solo eso, el recuerdo que motiva".
"La "Guerra Fría" —término que el catedrático cubano
entrecomilla— fue la expresión del antagonismo de las dos
superpotencias que surgieron de la Segunda Guerra Mundial, que
rivalizaban en todos los terrenos como representantes de dos
sistemas sociales opuestos y con aspiraciones de expandirse y
prevalecer, lo que condujo a un equilibrio bipolar que contuvo, en
buena medida, las pretensiones de ambas partes.
"La situación de hoy es diferente. La actuación de Rusia está
fundamentalmente motivada por su condición de gran potencia con
intereses y medios de acción globales. Siria y su entorno, que como
se sabe forman parte del plan norteamericano para rediseñar el
Oriente Medio, están muy vinculados a los intereses de Rusia, entre
otras razones por la proximidad a su territorio. Eso explica la
posición de Rusia, que en los últimos años, en la medida en que se
ha ido fortaleciendo económicamente, viene desarrollando una
política internacional cada día más activa, con el evidente
propósito de recuperar, al menos, una parte de la influencia de su
predecesora", aseguró a este diario el especialista en Historia
Contemporánea.
Joseph Dresen, del Centro Woodrow Wilson —un Tanque Pensante con
sede en Washington—, tampoco considera que los desacuerdos entre
Rusia y Estados Unidos representen un "regreso a la Guerra Fría".
Durante aquel periodo, "la Unión Soviética y Estados Unidos se
enfrentaron indirectamente en conflictos civiles alrededor del
mundo. En cada uno de esos casos, había un componente ideológico
para tomar uno u otro lado", dijo a Granma.
"Ahora Rusia está preocupada por la inestabilidad y la violencia
que ve en los países de la Primavera Árabe, y en otros como Libia e
Iraq, donde los gobiernos fueron derrocados por la intervención
militar de Estados Unidos y Occidente.
"Siria es un aliado cercano a Rusia, cliente de su armamento, y
el lugar donde tienen una base naval. También quieren evitar la
posibilidad de una nueva fuente de radicalismo islámico,
especialmente uno que está geográficamente cerca de sus propios
territorios en el Cáucaso. Pero lo que realmente preocupa a Rusia es
la posibilidad de que un país sea atacado sin la autorización de la
ONU".
El propio presidente Putin ha asegurado que no está "protegiendo
al gobierno sirio, sino al derecho internacional". En un artículo
suyo publicado en The New York Times, escribió que "las relaciones
(entre Estados Unidos y Rusia) han pasado por diferentes etapas. Nos
enfrentamos durante la Guerra Fría. Pero también fuimos aliados una
vez y derrotamos juntos a los nazis".
"Si podemos evitar el uso de la fuerza contra Siria, esto
mejorará el clima de las relaciones internacionales y fortalecerá la
confianza mutua. Para nosotros será un éxito compartido y abrirá la
puerta a la cooperación en otras cuestiones fundamentales",
garantizó.
Por su parte, el presidente Barack Obama, durante una reciente
entrevista con ABC News, dijo que "esto no es la Guerra Fría, no es
una competencia entre Estados Unidos y Rusia", y destacó que las
relaciones bilaterales siempre han estado marcadas por la doctrina
del expresidente Ronald Reagan: "confianza, pero vigilancia".
Para Joseph Dresen, la razón "más convincente" por la cual este
capítulo actual de las relaciones no es similar a uno de la Guerra
Fría, es que ambos países están "cooperando con la iniciativa rusa"
de que Siria entregue las armas químicas. "Eso tiene el potencial de
girar las relaciones ruso-estadounidenses hacia una trayectoria más
positiva, si la iniciativa tiene éxito".
Asimismo, Samuel Freeman confesó estar "agradecido" por la
iniciativa rusa. "Si Obama lo piensa bien, se dará cuenta de que
Rusia le hizo un gran favor, pues lo ha librado de un ataque
militar, sin dañar a su gobierno más de lo que ya lo han dañado sus
irreflexivas declaraciones sobre lo que haría Estados Unidos si el
gobierno de Damasco utilizara las armas químicas".
Freeman espera que, si Obama ve el asunto de esa manera, esto
conduzca a una "reciprocidad con respecto a algunas preocupaciones
rusas", y eso lleve a un mejoramiento de las relaciones.
Esta vez la disputa no es entre dos potencias. El conflicto en
Siria tiene más actores, y está en juego más que la suerte de ese
pueblo árabe. "Por sus propios intereses, China se ha asociado a
Rusia", opina Evelio Díaz. "Ambas potencias abogan, junto con otros
países, por la conformación de un mundo multipolar, lo que
indudablemente proporcionará un mayor nivel de estabilidad y de paz.
La tendencia a la multipolaridad, que va ganando adeptos y espacio,
se fortalecerá o se debilitará de acuerdo con la dinámica y el fin
del conflicto en Siria".