Nine inch nails resurge de sus cenizas

Michel Hernández
michelher@granma.cip.cu

La película no pudo tener mejor final. Luego de un silencio discográfico que se extendió durante cinco años y cuando la mayoría de las apuestas no daban demasiado por la vida de Nine inch nails (NIN), el señor oscuro del metal industrial, Trent Reznor, sacó de las cercanías del abismo a esta banda bisagra del rock estadounidense para volver a colarla en el mapa de esos sonidos atormentadores e inquietantes no aptos para los que nunca se han asomado a los precipicios del alma humana.

De izquierda a derecha Josh Eustis, Ilan Rubin, Trent Reznor, Alessandro Cortini y Robin Finck, integrantes de Nine inch nails

El hecho es que Reznor (Pennsyl-vania, 1965), uno de los cerebros más lúcidos, agudos y respetados de la escena internacional, con una multifacética obra que cubre los flancos de la producción, la dirección de video y la distribución musical, acaba de publicar el esperado octavo álbum de su alineación, tras un periodo en que como una especie de monje se retiró a meditar y a poner las cosas en orden en su tempestuosa mente creativa; además de fundar junto a su esposa Mariqueen Maandig, el grupo How to destroy angels y hacer un hueco para trabajar en las bandas sonoras de los filmes La red social —con la que ganó un Oscar en el 2011 y Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres. De todo esto, salió Hesitation mark, un material de una introspección menos hiriente que sus anteriores trabajos, aunque no deja de ser uno de esos álbumes que solo debemos escuchar si tenemos la rara dicha de andar por ahí con unos nervios de acero.

Con más de 30 millones de discos vendidos y dos Grammys, NIN alcanzó el estatus de banda de culto con la publicación de cumbres discográficas como Pretty Hate Machine, The Downward Spiral y The Fragile. Este triunvirato ha puesto el listón muy alto en el horizonte de la banda y pesa en sus espaldas como una roca cada vez que pone en marcha un nuevo material discográfico.

Pero en este álbum parece ser otro Reznor el que mira al mundo. Al menos uno que ha tratado de descubrir que, a pesar de todo, en la vida también hay zonas luminosas, algo que deja ver en sus nuevos temas a través de algunos tímidos atisbos. "No creo que sea un disco positivo y alegre. Aparentemente no es tan violento y depresivo como discos anteriores. Es un tipo de ira contenida, en vez de darte un puñetazo en la cara. Busco la tensión más que la pura agresión", declaró el propio músico.

En el fonograma, el cantante y líder de la banda se atreve con nuevas fórmulas y conceptos sonoros. Es la obra de un músico que a sus 48 años lo vio todo, convivió con todo y tras sobrevivir a las tormentas regresó para resucitar a un grupo cardinal en los últimos diez años; con la que aireó al mundo una nueva forma de entender el rock desde las entrañas más profundas de los sonidos in-dustriales; arrojando al rostro de la escena musical temas viscerales como March of The Pigs, y The Hand That Feeds un tema contra la guerra de Iraq que les costó la censura en la cadena MTV tras denunciar al expresidente estadounidense George W. Bush.

El álbum enseña un costado más electrónico que los anteriores trabajos de la alineación; y sus canciones brindan al oyente la elección de subirse a un viaje por carretera que lo mismo te puede llevar a vivir momentos de un insoportable terror que visitar uno de esos parajes otoñales que tanto bien hacen al alma tras una serie de momentos de incertidumbres y miedos. Lo que sí no hay que temer es enfrentarse a títulos como Find my way, Back Haunted o Copy of A, que se mueven en la misma línea de los primeros NIN y recuperan un sonido bastante familiar para los fieles de la banda.

La ruptura con el pasado llega con Everything y Satellite, dos temas que definen de golpe otra etapa en la ruta creativa de la alineación que como el ave Fénix ha resurgido de las mismísimas cenizas del rock and roll. Y viene con todo para seguir construyendo esa película de horror que proyectan sus canciones y que por suerte, para los hijos de la oscuridad, tiene segunda parte.

 

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