El último de nuestros cuatro gladiadores grecorromanos en ceder
fue el camagüeyano Pedro Isaac (66 kg), que esta vez no pudo hacer
honor a su doble condición de bronceado en Herning 2009 y Estambul
2011, y no pasó de su primer pleito al sucumbir 1-4 frente al ruso
Islam Albiev.
Isaac incluso tuvo oportunidad de redimirse en la repesca, pues
Albiev culminó en plata y lo arrastró. Entonces, luego de imponerse
3-2 al armenio Sasun Ghambaryan, cedió por ese mismo marcador a
manos del alemán Frank Stabler, en definitiva bronce junto al indio
Yadan Sandeep. Del cetro se apoderó el sudcoreano Han-Su Ryu;
mientras Isaac en definitiva recaló en un discreto escaño 18 entre
39 inscritos.
De los cuatro discípulos de Carlos Ulacia, el indómito Ismael
Borrero (60) fue el de mejor ubicación con el undécimo puesto, tras
ganar dos pleitos antes de chocar 3-12 con el nipón Kazuma Kuramoto.
Gilberto Piquet (84) y Yasmani Lugo (96) culminaron en los lugares
29 y 32, por ese orden.
Otros dos pesos se definieron la víspera: en los 74 el también
representante de Sudcorea, Kim Hyeon Woo, se llevó el gato al agua;
mientras el iraní Amir Aliakbari (120) concretó el rendimiento de su
país, capaz de desplazar a la potente Rusia de la cima del medallero
general con cuatro oros, una plata y dos bronces por 3-4-4 los
rusos. Japón (3-0-1) se agenció la tercera plaza. Para tener una
idea del poderío de los rusos baste decir que salvo en Guangzhou
2006, cuando los gladiadores del imperio del sol naciente los
desplazaron de la cima, habían dominado el medallero de todas las
ediciones del actual siglo.
En cuanto a la comitiva antillana de 11 gladiadores cabe señalar
que, salvo el séptimo escaño de los libristas (19 puntos), amparados
en los subtítulos de Liván López (66) y Reinieri Salas (84),
estuvieron por debajo de lo proyectado. Los marcadores adversos
abultados y los tropiezos tempranos hacen pensar en una revisión de
qué está faltando, tanto en el plano físico como en el
técnico-táctico, amén del hándicap permanente que significa
no medirse a rivales de elite europeos y asiáticos hasta llegada la
hora de la verdad en la competencia fundamental del año.
Esta vez la arena Laszlo Papp de la capital húngara dejó alegrías
y sinsabores. La alerta está, en el horizonte habrá muchas otras
batallas donde probar a nuestros luchadores, con el afán de preparar
el terreno para intentar mantener en Río de Janeiro 2016 la cadena
ininterrumpida de cetros que ostenta la disciplina desde Barcelona
1992.