Entre las características singulares del V Festival Leo Brouwer
de Música de Cámara, con inauguración mañana martes 24 de septiembre
en Santiago de Cuba y clausura el domingo 13 de octubre en La
Habana, se hallan los homenajes a figuras que han marcado hitos en
el devenir del arte sonoro.
En los conciertos programados para la Sala Dolores, donde se
evocará además a los cubanos Harold Gramatges, oriundo de la urbe
oriental, y Ernesto Lecuona, el maestro ha querido resaltar cuatro
nombres: el checo David Popper (1843-1913), el alemán Paul Hindemith
(1895-1963), el francés Francis Poulenc (1899-1963) —estos en la
jornada de apertura en interpretaciones del dúo integrado por el
cellista Douglas Vistel y la pianista alemana Almuth Krausser-Vistel—,
y el inglés Benjamin Britten (1913-1976), en un tributo que correrá
a cargo de la Orquesta Sinfónica de Oriente, el jueves 26.
A Popper, quien fue uno de los más famosos ejecutantes del
instrumento, e invitado por Liszt dictó cátedra en la Academia de
Budapest, se deben las bases técnico-interpretativas actuales del
cello, resumidas en sus Cuarenta estudios, op. 73. Legó más
de un centenar de obras originales y versiones para el cello, entre
ellas una tarantella incluida en el programa del dúo.
El régimen nazi consideró "pervertida" y "repudiable" la música
de Hindemith, casado con una judía y amigo de artistas judíos, lo
cual lo obligó al exilio para ponerse a salvo de los campos de
exterminio. Sus aportes a la música del siglo XX pasan por la
conjunción de la polifonía, con las tensiones a que fue sometida la
tonalidad en su época. Aunque la obra prevista en el programa,
Pieza fantástica op. 8, se inscribe en su etapa de formación, ha
permanecido en los repertorios actuales por su brillantez.
Poulenc fue en su juventud miembro del grupo renovador de la
música francesa conocido por Los Seis (junto a George Auric, Louis
Durey, Arthur Honegger, Darius Milhaud y Germaine Tailleferre), y
vivió la intensidad de las vanguardias de entre guerras, al
relacionarse con los escritores Jean Cocteau, Paul Eluard y Louis
Aragón, y los pintores del da-daísmo y el surrealismo. Si bien
armónicamente casi siempre respetó las convenciones de la música
tonal, se atrevió a desarrollar especulaciones melódicas influidas
tanto por la herencia de los impresionistas, y luego de Stravinsky,
como por el jazz y las melodías arrabaleras de su país. La Sonata
para cello y piano (1943) revelará en su audición ciertas
remembranzas barrocas.
Fue el mismo Poulenc quien calificó a Britten como "un compositor
modelo". Leo Brouwer guarda un recuerdo imborrable de Britten, quien
lo invitó al Festival de Aldeburgh para estrenar en 1970 la ópera de
cámara El cimarrón, del alemán Hans Werner Henze, sobre la
novela testimonio de Miguel Barnet. En Cuba, el inglés es harto
conocido por la Guía orquestal para la juventud,
insuperable obra introductoria de la apreciación musical, y
Sinfonía simple, ambas contempladas en el programa santiaguero.
Sin embargo, va siendo hora de que alguna vez entre nosotros se
tenga en cuenta al gran compositor de óperas que fue Britten, con
Peter Grimes y La violación de Lucrecia.