Hace unos días, el pasado sábado, se celebró una importante
Reunión Nacional con representantes de la base productiva
agropecuaria, la cual fue el colofón de un amplio proceso iniciado
el 15 de junio, que incluyó encuentros similares a nivel municipal y
también, entre el 13 de julio y el 4 de agosto a las instancias
provinciales.
Una vez más la producción de alimentos, con certeza calificada
como un asunto de seguridad nacional, convocó a los más de 25 mil
700 campesinos y trabajadores que participaron en todas las etapas.
Y es que este ha sido un tema en el que la Revolución jamás ha
dejado de insistir. Su propia obra es fiel testigo de ese desvelo
por asegurarle a la población tan importante satisfacción.
También en septiembre, pero hace 40 años, exactamente el día 8,
con un auditorio parecido, el entonces Comandante Raúl Castro,
clausuraba el acto de constitución del Sindicato Nacional de
Trabajadores Agropecuarios y comenzaba sus palabras así: Se trata
de los trabajadores que laboran en el sector principal de la
economía.
Fue el último de los sindicatos creado previo al también
histórico XIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).
Sin embargo, nace con todas las condiciones para aspirar a estar
entre los primeros en la contribución al desarrollo de nuestra
economía. Y como si lo estuviera diciendo hoy, Raúl sentenciaba:
la necesidad de incrementar la productividad del trabajo, la
productividad de la tierra y la productividad del ganado, es
apremiante y permanente.
En esta era de una geografía económica mundial signada por crisis
sistémicas, que así como propias del capitalismo, están hechas o
creadas para los más ricos pues cargan su más pesado fardo sobre los
pobres, producir alimentos no es tan solo una necesidad económica.
Alcanzar la soberanía alimentaria es vital para existir como nación.
Y esa perspectiva ha tenido expresión desde el mismo programa del
Moncada, en la propia lucha revolucionaria de la Sierra Maestra, con
el Congreso Campesino en Armas, por demás igual en un mes de
septiembre, del año 1958, cuyo 55 aniversario celebraremos el
próximo día 21, y también en estas palabras de Raúl en 1973:
Hay que reconocer el esfuerzo, pero solo premiar los resultados.
Si el valor de lo que producimos es igual o inferior a los gastos
invertidos, ¿de dónde sacar los recursos para construir todo lo que
necesitamos construir?
Como cuestión permanente este año y de todos los años: la
organización del trabajo; la capacitación de los trabajadores, el
mantenimiento, reparación y eficaz explotación de la maquinaria; la
contabilidad y control riguroso de los costos.
Tendremos lo que seamos capaces de producir. En nuestras propias
manos está nuestro mejor futuro.
No son citas de los Lineamientos aprobados en el Sexto Congreso
del Partido entre el 16 y el 19 de abril del 2011, mucho menos una
simple coincidencia o casualidad histórica, es el reflejo de la
verticalidad del pensamiento de la Revolución en el sector de la
producción de alimentos, que ha contado siempre con la sabiduría y
visión del Comandante en Jefe. Es también, a nuestro modo de ver,
una de las razones por las cuales el proceso que vive el país no se
llama ni reforma, paquetes o renovación, sino actualización.
El Capitulo VII Política Agroalimentaria, de los Lineamientos,
recoge cual savia, esas palabras expresadas por el entonces Segundo
Secretario del Partido; para desde el enunciado 177 hasta el 214,
trazar las directrices del Sistema de la Agricultura, que como ayer,
pero hoy más exigido y apremiado, tiene que revertir su actual
estado.
Recordaba el pasado día 14 el vicepresidente del Consejo de
Ministros, Marino Murillo Jorge, que junto a la matriz de generación
eléctrica, la producción de alimentos son las dos facturas que más
pesan sobre la economía, al tener que erogar dos mil millones de
dólares anuales para comprar lo que podemos producir en nuestra
tierra.
Por eso, cuarenta años después de su intervención en el Sindicato
Agropecuario, el General de Ejército en su mensaje a la reunión del
día 14 de este mes, insistía en la imperiosa necesidad de continuar
trabajando en la producción de alimentos y afirmaba que para ello
contamos con los recursos financieros requeridos, los mismos que hoy
gastamos importándolos.
Todas las instituciones del Estado tienen una incidencia en la
familia, en la sociedad, pero si hay una que se mete hasta el fondo
de la casa, hasta la cocina, ese es el Sistema de la Agricultura,
encargado de la producción agropecuaria, es decir de la comida. Ya
con eso solo es una buena cuota de responsabilidad en el grado de
bienestar social, pero debe sumársele el del desarrollo sostenible,
pues lo que se invierta en comprar alimentos, iría contra otros
indicadores que en el apartado social también son vitales.
Entonces, para que la Agricultura se vea reflejada en la
sociedad, tiene que sacudirse de sus ineficiencias. Un sector tan
importante debe dejar de ser el más comprometido en las cuentas por
pagar y por cobrar, no puede significar, como dijo Murillo Jorge,
solo el 3 % del producto interno bruto, con el 20 % del total de
trabajadores de la nación.
Si el Congreso Campesino en Armas ce-lebrado en Soledad de Mayarí
Arriba, territorio liberado del II Fren-te Oriental Frank País, en
septiembre de 1958, solidificó la unidad del campesinado con la Re-volución,
cuando dar de comer a las tropas podía costarle a un labriego la
quema de su modesto bohío o su propia muerte o la de su familia,
como represalia de la dictadura, hoy el sistema de la Agricultura
tiene la misión de servir de escudo, levantándose con aquel ejemplo,
porque de sus resultados también depende el futuro de la Patria.