¡El corrientazo!

ALFONSO NACIANCENO

La carrera es de largo aliento. Sin lugar para el cansancio, con un antídoto a la mano de probada eficacia: exigencia, control y perseverancia para impedir que se desvirtúen las tareas.

No será menester que alguien venga a redescubrirnos en nuestro acostumbrado actuar de finalistas-maratonistas (por ejemplo, terminar obras a la carrera lamentando su calidad), un mal perpetuado en el diario quehacer, como mismo está cómodamente sentada la hipófisis en la silla turca de nuestros cráneos.

Nos han convocado a remover el pensamiento y la acción, no repitiendo cual frase vacía lo que ya sabemos del impostergable "cambio de mentalidad", sino aplicando criterios, conceptos y métodos ágiles para interactuar con la realidad, de manera que favorezcan a la población y contribuyan al tácito cumplimiento de cada objetivo contenido en los Lineamientos.

Aún así —la mente no evoluciona tan rápido como otros procesos de la vida cotidiana—, y tenemos entre nuestra especie a quienes insisten en mantener cierto estrabismo burocrático, pues no miran de frente para entrarle a sus responsabilidades, prefieren desviar la vista hacia un costado pretendiendo desembarcar la carga de sus incumplimientos en el vecino más cercano.

Si no es así, cómo explicar entonces los casos de funcionarios y entidades que únicamente reaccionan si le dan un "corrientazo". La queja puede venir de una persona que lleva tiempo tratando de resolver un trámite; u originada por el cansancio provocado ante la indolencia de cara a una obra deteriorada; o de un "usuario" (vaya la palabrita) maltratado en público durante una gestión a la que le ha dedicado una buena cantidad de horas. En fin¼

Ante cualquiera de esos ejemplos (y otros más), en no pocas ocasiones, el encargado de atender el asunto se da de bruces contra el suelo cuando la televisión, la radio o la prensa escrita describen la inconformidad de la población ante determinada adversidad. Es decir, se está enterando precisamente por algunos de los medios, que al convertir el tema en una denuncia pública, exige de hecho una solución.

¡Y vamos allá! Aun así el funcionario o el organismo querellado se hace el de la vista gorda y la respuesta no llega nunca. Es como si aquello que todo el mundo vio, escuchó o leyó, no hubiera existido jamás. También se producen respuestas que generan un malestar aun mayor que el causado por el problema, y no solo porque no haya solución, sino por la falta de sensibilidad y de comprensión de quienes tienen la responsabilidad de responder.

Ante todas estas incongruencias que obligan a darles el "corrientazo" a aquellos que duermen sobre sus supuestos laureles y dan la espalda a los justos reclamos de la comunidad, el antídoto existe: exigir, controlar, perseverar, aunque para ello sea preciso calzar el firme criterio de cumplir discrepando en una reunión, en un intercambio de ideas, o en una discusión, porque no constituimos un todo homogéneo al opinar. Eso sí, expresémonos a tiempo y en el lugar apropiado, sin temor a represalias por no concordar con alguien.

Son muchos los problemas existentes en el país, pero si todos cumpliéramos la parte de la responsabilidad que nos toca ante nuestro trabajo y la sociedad, de seguro disminuirá la cuota de toques urgentes para resolver una situación acuciante.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

Subir

 

 

ecoestadistica.com