Las
políticas de austeridad están teniendo efectos silenciosos, que son
ignorados por los análisis económicos ortodoxos, pero que son los
que más le importa a la gente. Examinando 31 países europeos,
Eurostat encontró que en 24 de ellos disminuyó en la recesión el
número de hijos que normalmente, siguiendo los patrones vigentes de
fertilidad, hubieran tenido las madres. "Dejaron de nacer" 189 mil
niños. La situación económica fue determinante.
La recesión desencadenada por las políticas de austeridad
implosiona familias y destruye a personas. Los suicidios subieron en
los últimos dos años en un 23 % en Grecia y un 15 % en Italia. En
España, han alcanzado un 8 %.
También el alcoholismo sube con la recesión. En Estados Unidos,
en el perio-do de recesión reciente, aumentó casi un 20 %, con todo
tipo de efectos regresivos sobre la salud.
El alto desempleo hace muy difícil para las personas comer
saludable. Se encontró en diversos contextos una correlación fuerte
entre "estrés financiero" y obesidad.
Todos los días, como sucedió en la Argentina de los noventa, la
economía ortodoxa genera "bebés que no llegan a nacer", implosiona
familias, aumenta los suicidios, daña la salud mental y física, y
eleva el alcoholismo.
No basta con autocríticas, como las de los informes del FMI que
señalan que ese organismo y la Comisión Europea subestimaron el
impacto recesivo de las políticas de ajuste en Europa en un 300 %.
Como esos informes no han ido acompañados de cambios en las
políticas, las víctimas siguen amontonándose.
¿Por qué el 1 % es cada vez más rico? ¿Por qué continúan
aplicándose políticas cuyo balance humano es tan desastroso? ¿Por
qué son defendidas tan ardientemente? ¿Quiénes ganan con ellas?
Al 1 % más rico le ha ido muy bien en los climas económicos
ortodoxos. La desigualdad aumentó en los principales países
desarrollados. En EE.UU., el 1 % más rico absorbió, entre el 2002 y
el 2007, dos tercios del aumento de los ingresos.
Las fuentes básicas de su enriquecimiento requieren de Estados
mínimos, supresión de regulaciones y mercados donde se pueda hacer
lo que sus actores más poderosos quieran.
Entre ellas están:
1. La especulación financiera: Entre 1980 y el 2006, el Producto
Bruto Mun-dial creció un 314 %, mientras que la riqueza financiera
subió un 1 291 %. Eso sin incluir un rubro clave en la especulación
financiera: los derivados. El promercado The Economist resalta
(17/8/13): "Cinco años después de la caída de Lehman Brothers, los
mercados de derivados muestran en su superficie pocos cambios¼
Al final del 2012 operaban 687 trillones de dólares, un poco más que
en el 2007".
Ironiza Warren Buffet (82 años), el gurú financiero que donó su
fortuna a causas de interés público: "He trabajado en una economía
que premia a aquel que salva la vida de otros en una batalla con una
medalla, premia a los grandes maestros con notas de agradecimiento
de los padres, pero premia a aquellos que detectan los errores en
los precios de las acciones con sumas billonarias. En resumen, la
distribución es salvajemente caprichosa".
2. Las prácticas monopólicas: La concentración de los mercados ha
ido en aumento. Se estima que mil empresas tienen actualmente la
mitad de todas las acciones de los mercados mundiales. Son
permanentes los descubrimientos de prácticas monopólicas orientadas
a maximizar el lucro. Ya Lester Thurow prevenía sobre "la mano
invisible" del mercado defendida a ultranza por los economistas
liberales, señalando "qué pasa si la mano invisible se transforma en
la mano del carterista" a través de los monopolios.
3. Bajando costos: Los cinco millones de trabajadores textiles de
Bangladesh, segundo exportador del mundo de ropa encargada por las
transnacionales, ga-nan un promedio de 37 dólares mensuales. Además,
por la carencia absoluta de inversiones mínimas en seguridad, han
muerto ya más de 1 800 en desastres en sus lugares de trabajo en los
últimos diez años.
Bangladesh compite con Paquistán, Honduras y otros en tener la
mano de obra más barata del mundo. Las prácticas de bajar costos con
los trabajadores se dan en múltiples áreas. En un hecho sin
precedentes, los empleados de las cadenas de comida rápida acaban de
hacer una huelga simultánea en 60 ciudades norteamericanas.
Reclamaban la elevación de su salario actual y el derecho a
sindicalizarse. Lo que ganan los coloca bien por debajo de la línea
de la pobreza. Las empresas tienen muy altas utilidades.
4. No pagar impuestos: Un informe de la OCDE muestra que la
participación fiscal de algunas de las empresas más exitosas
económicamente del mundo es mínima. Con maniobras contables,
declaran sus costos donde los impuestos son altos y sus ganancias,
en paraísos fiscales.
Estas y otras prácticas —que han impulsado poderosamente las
extremas desigualdades actuales que la Iglesia Católica en su
Encíclica Caritas in Veritate llama "las disparidades
hirientes"— requieren de un Estado ausente, inexistencia o
debilitamiento de los sindicatos, desregulación.
Hay grandes preguntas abiertas: ¿por qué continúan las políticas
de austeridad cuando son tan visibles los daños que causan?, ¿por
qué se desconoce de modo tan flagrante la evidencia empírica
terminante de que no funcionan, de que son simplemente mala
economía, que agravan las recesiones y destruyen a niños por nacer,
familias y a personas?
¿Por qué, asimismo, no se toma en cuenta o se desvaloriza que
países como los nórdicos (Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia) y
los de Unasur (Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Bolivia y otros)
han alcanzado con modelos heterodoxos elevaciones sustanciales en
los niveles de vida de amplios sectores de su población?
La respuesta no tiene que ver con la lógica o los datos de la
realidad, sino con los intereses en juego. El Nobel de Economía,
Paul Krugman, reflexiona: "La agenda de la austeridad luce en gran
parte como una simple expresión de las preferencias de la clase alta
envueltas en una fachada de rigor académico. Lo que el 1 % más rico
quiere se convierte en aquello que la ciencia económica dice que
debemos hacer". (Fragmentos tomados de OtherNews)