Las
palabras de Daymara Lescay, capitana del equipo Cuba de voleibol, en
la rueda de prensa efectuada tras el revés 0-3 ante Estados Unidos,
lo dicen todo: "Tuvimos una energía baja, y para jugar a este nivel
hay que hacerlo a gran altura".
¿Acaso fueron sorprendidas las antillanas? ¿No sabían desde el
primer día que perder 2-3 ante México (ni las mismas mexicanas
recordaban desde cuándo no le ganaban a Cuba en un evento
internacional) les dejaría en desventaja para enfrentar a EE.UU. en
su casa, actual campeón del NORCECA y segundo del ranking
mundial?
Nada pudieron hacer ante oponentes que les sobrepasaron en todos
los aspectos. Blo-quear 11 veces con éxito y ser bloqueadas
solamente dos resultó una de las ventajas de las norteñas, amén de
que cometieron menos faltas y sacaron mejor provecho a su servicio.
En fin, no vale la pena ponernos a especular sobre un evento que
no hemos presenciado, pero sí existen elementos extraídos de las
hojas de anotación, de declaraciones de las jugadoras y del
entrenador Juan Carlos Gala, que preocupan: las cubanas no logran
llevar a su conciencia que tienen madera para salir adelante, y si
no superan esa barrera sicológica corren el peligro de convertirse
en un equipo con mentalidad perdedora, sin percatarse de cuánto
pueden avanzar en pos de las victorias.
Clasificaron directos para semifinales Es-tados Unidos por su
triunfo 25-9, 25-13 y 25-12 sobre Cuba en el grupo B, y República
Dominicana al dominar 25-13, 25-20, 25-13 a Trinidad y Tobago, por
la zona A. Puerto Rico lideró su trío C, al ganarle 3-2 a Canadá,
pero sumó menos puntos que estadounidenses y dominicanas, por lo
que, según el reglamento, estaba obligado a ir ayer junto a
trinitarias, mexicanas y canadienses a la ronda de cuartos de
finales. Hoy serán las semifinales y mañana sabremos cuál elenco
obtiene el oro y el pasaje rumbo a la Copa de Campeones, de
noviembre en Japón.
Cuba solo tenía opciones de finalizar séptima si se imponía al
débil Santa Lucía.