Trinidad Rolando, huella perdurable

Pedro de la Hoz

La muerte al comienzo de esta semana de Trinidad Rolando Portocarrero, víctima de una tumoración maligna, privó a la escena cubana de una de sus actrices más apasionadas y creativas, de esas que dejan huellas perdurables en la memoria de los espectadores.

Durante más de cuatro décadas encarnó decenas de diversos papeles, pero sin lugar a duda sus mayores contribuciones se registraron en la interpretación de personajes del teatro cubano y de varios de sus más renombrados y consistentes dramaturgos.

De manera particular estuvo asociada a estrenos que marcaron momentos culminantes en la trayectoria de Gerardo Fulleda León, como Ruandi, Chago de Guisa, Provinciana y Remolino de aguas, aunque también otros notables autores pensaron en ella para dar vida a textos memorables, tal es el caso de Eugenio Hernández Espinosa y su Emelina Cundiamor.

Su pasión por la tradición escénica insular la llevó a entregarse a plenitud en La hija de Nacho, de Rolando Ferrer, y Réquiem por Ya-rini, de Carlos Felipe.

Quedará también como una prueba mayor de su versatilidad la comedia musical Lady Salsa, que le granjeó el reconocimiento de públicos de otros países.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

Subir

 

 

ecoestadistica.com