Basta caminar un poco por las calles de mi natal municipio de 10
de Octubre, en la capital, para que afloren de inmediato los feos
rostros de la indolencia, el inmovilismo, y la indisciplina social,
males que la máxima dirección del país ha llamado a desterrar.
Salta a la vista el marcado deterioro de las aceras y contenes,
afectados en buena medida por la propia acción de los equipos de
Comunales en su labor de recoger los escombros acumulados durante
semanas en las esquinas, o de aquellos medios de transporte
encargados de descargar mercancías en bodegas, puestos y otros
establecimientos. Al menos en las veces que he visto realizar esas
maniobras, nadie se ha preocupado por evitar tales daños
"colaterales".
Proliferan, además, los basureros, salideros de agua y baches
(prácticamente ninguna vía interior escapa a la presencia de estos
en sus más variados tamaños y a la pérdida de la capa de asfalto,
algo que también sucede en determinadas avenidas), mientras crece el
número de alcantarillas sin tapa, algunas de las cuales han devenido
en verdaderas furnias, que representan un peligro para el tránsito
de personas a pie, en particular niños y ancianos.
Hay establecimientos estatales y en sistema de arriendo que
ofertan diversos servicios a la población, sin reparar cómo en sus
áreas exteriores se amontonan desechos de todo tipo, corren aguas
albañales y la hierba gana cada vez más espacio.
Velar por la higiene del entorno donde radican debería medirse en
los indicadores referidos al funcionamiento de las citadas
entidades. Si lo anterior está previsto, debe cumplirse y no quedar
en letra muerta.
Nadie desconoce las limitaciones económicas que enfrenta el país
por los motivos conocidos, pero ello nunca puede ser justificación
para que las administraciones dejen de pensar con cabeza propia,
generen iniciativas y busquen variantes de soluciones a los
problemas acumulados durante años.
¿Es tan difícil evitar la multiplicación de los basureros en las
esquinas y el vertimiento de desechos en la vía pública?
¿Por qué la Empresa Eléctrica, en su loable esfuerzo por cambiar
los postes y transformadores, no retira también las tendederas de
tenis colgadas sobre los cables, que tanto afean el ornato de la
ciudad y pueden desencadenar accidentes?
¿No podrían cubrirse al menos provisionalmente los grandes baches
y las alcantarillas sin tapa, colocándoles encima planchas de metal
o de otro material?
No debiera haber espacio para la apatía, el desinterés, la
mediocridad y otros comportamientos nocivos, lamentablemente
entronizados en los últimos tiempos.
Nada es más reconfortable que disfrutar de una ciudad limpia y
ordenada, donde el respeto a las buenas normas de urbanidad y
convivencia sea el pan nuestro de cada día. Apostemos por eso.