Añoranza por la belleza

Orfilio Peláez
pelaez@granma.cip.cu

Basta caminar un poco por las calles de mi natal municipio de 10 de Octubre, en la capital, para que afloren de inmediato los feos rostros de la indolencia, el inmovilismo, y la indisciplina social, males que la máxima dirección del país ha llamado a desterrar.

Salta a la vista el marcado deterioro de las aceras y contenes, afectados en buena medida por la propia acción de los equipos de Comunales en su labor de recoger los escombros acumulados durante semanas en las esquinas, o de aquellos medios de transporte encargados de descargar mercancías en bodegas, puestos y otros establecimientos. Al menos en las veces que he visto realizar esas maniobras, nadie se ha preocupado por evitar tales daños "colaterales".

Proliferan, además, los basureros, salideros de agua y baches (prácticamente ninguna vía interior escapa a la presencia de estos en sus más variados tamaños y a la pérdida de la capa de asfalto, algo que también sucede en determinadas avenidas), mientras crece el número de alcantarillas sin tapa, algunas de las cuales han devenido en verdaderas furnias, que representan un peligro para el tránsito de personas a pie, en particular niños y ancianos.

Hay establecimientos estatales y en sistema de arriendo que ofertan diversos servicios a la población, sin reparar cómo en sus áreas exteriores se amontonan desechos de todo tipo, corren aguas albañales y la hierba gana cada vez más espacio.

Velar por la higiene del entorno donde radican debería medirse en los indicadores referidos al funcionamiento de las citadas entidades. Si lo anterior está previsto, debe cumplirse y no quedar en letra muerta.

Nadie desconoce las limitaciones económicas que enfrenta el país por los motivos conocidos, pero ello nunca puede ser justificación para que las administraciones dejen de pensar con cabeza propia, generen iniciativas y busquen variantes de soluciones a los problemas acumulados durante años.

¿Es tan difícil evitar la multiplicación de los basureros en las esquinas y el vertimiento de desechos en la vía pública?

¿Por qué la Empresa Eléctrica, en su loable esfuerzo por cambiar los postes y transformadores, no retira también las tendederas de tenis colgadas sobre los cables, que tanto afean el ornato de la ciudad y pueden desencadenar accidentes?

¿No podrían cubrirse al menos provisionalmente los grandes baches y las alcantarillas sin tapa, colocándoles encima planchas de metal o de otro material?

No debiera haber espacio para la apatía, el desinterés, la mediocridad y otros comportamientos nocivos, lamentablemente entronizados en los últimos tiempos.

Nada es más reconfortable que disfrutar de una ciudad limpia y ordenada, donde el respeto a las buenas normas de urbanidad y convivencia sea el pan nuestro de cada día. Apostemos por eso.

 

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