Aunque
la comparecencia de Marta Rojas a Páginas Inéditas, del Instituto
Cubano del Libro, se debió a su condición de escritora, no pudo el
conductor del espacio, Fernando Rodríguez Sosa, dejar de indagar
sobre la otra pasión de la autora: el periodismo.
"Lo que realmente quería estudiar desde niña era Medicina; quería
ser cirujana, por eso operaba a las lagartijas y me encantaba
desarmar las muñecas hasta ver lo que tenían por dentro. El
periodismo lo escogí porque la carrera solo duraba cuatro años y era
mucho más económica que las otras".
Entre los temas que no puede eludir la autora cada vez que
protagoniza una velada están los relacionados con el asalto al
Cuartel Moncada. De aquellos sucesos recordó que solo había ido a
Santiago, su tierra natal, para disfrutar de los carnavales, donde
se encontró al fotorreportero Panchito Cano, de la revista Bohemia,
quien le propuso a la joven recién graduada que le hiciera los pies
de grabado de las imágenes que él tomaría de la fiesta santiaguera,
sin sospechar que los sucesos del 26 de julio torcerían esos planes
reporteriles.
Sobre su primera novela, El dulce enigma, escrita a los 11
años, comentó la autora: "Aún la conservo, la escribí porque un
noviecito que tenía entonces me retó y me dijo: ‘A qué tú no haces
una novela’". Todos los días la incipiente escritora les llevaba a
sus amiguitos de la escuela un nuevo capítulo que escribía la noche
anterior, alegando en casa, por quedarse despierta hasta altas horas
de la noche, que hacía tareas del colegio.
Ahora está enfrascada en darle el acabado a su más reciente
producción narrativa, cuyo título provisional es Las campanas de
Juana. La obra se basa en un asunto nunca antes visitado en el
género de ficción en Cuba: el descubrimiento y proceso de
explotación de las minas de El Cobre en lo que se conoce, desde los
siglos XVI y XVII, como la Fernandina de Cuba o Isla Juana, y
Santiago, la capital.
La aventura de contrabandistas locales y foráneos contamina para
bien la trama que supuestamente está contenida en un libro de autor
anónimo cuya primera edición, en parte censurada por el Santo
Oficio, se imprimió en los anales de la imprenta, en Amberes, libro
reimpreso que lee a sus clientes un Lector de Tabaquería, que es uno
de los personajes.
La autora regaló al público fragmentos de tres capítulos de
Las campanas¼ En ellos pasiones sensuales, humor, historia y
fantasía nos mostraron entre sus personajes a la reina de Castilla,
más conocida como Juana "la Loca", aún en páginas inéditas, pero con
toda seguridad ya esperadas por los lectores.