Con solo una canción Bob Dylan alcanzó la inmortalidad. Like a
Rolling Stone, firmada por él en 1965, fue la llave que le abrió
las puertas al cielo de la historia del rock al ser considerada como
el mejor tema de todos los tiempos. Pero el mítico músico
estadounidense —cuya obra ha influido notablemente en la carrera de
cantautores de todo el mundo, entre ellos los cubanos Silvio
Rodríguez, Santiago Feliú y Carlos Varela, por solo citar tres
ejemplos cercanos—, no se detuvo a dormir en los laureles y acaba de
lanzarse a saldar algunas deudas pendientes con el pasado. De ahí
que 43 años después empezó a tomarse la revancha contra las
lapidarias críticas que recibió en 1970 por su décimo álbum, Self
portrait. Para tratar de poner las cosas en su lugar, publicó
esta semana, vía Columbia Records, el disco Another Self Portrait,
The Bootleg series vol.10 (1969-1971)
El título, una especie de versión ampliada de Self portrait,
es el número 35 de su trayectoria y sigue al fonograma Tempest
(2012). No es que el autor de Blowing in the wind y Mr.
Tambourine Man, haya salido ahora a convencer de que el disco en
cuestión fue una intachable obra maestra, sino de ofrecer con este
nuevo proyecto coordenadas claras y precisas de una de sus épocas
más prolíficas y polémicas y, de paso, cuestionar de alguna forma la
justeza de la crítica cuando lanzó los tanques sobre su décima
entrega discográfica.
Para acometer la empresa editó el volumen con material inédito de
sus sesiones de grabación acústicas y temas descartados de Self
portrait, junto a selecciones de Nashville skyline (1968)
y New morning (1970). También preparó como plato fuerte una
edición de lujo que recoge el concierto del festival Isle of Wight
en agosto de 1969 con The Band, en Inglaterra —adonde viajó tras
rechazar la invitación a participar días antes en el padre de los
festivales de rock, Woodstock 69, y cuya actuación fue una de las
más sonadas del cartel, en el que estuvieron gigantes como The Who,
King Crimson y Joe Cocker, entre otros.
Pero, sin duda, una de las joyas del material son dos piezas
inéditas que grabó con el beatle George Harrison (Time passes
slowly y Working on a guru), así como el título Pretty
saro, una rareza inspirada en un tema popular inglés y conocida
como la canción olvidada de Dylan, pues la había grabado nada menos
que seis veces, pero nunca apareció registrada en ningún álbum.
Icono de la música popular de las últimas cinco décadas, Dylan
—cuya trascendencia quedó muy bien reflejada en el documental No
Direction Home, de Martin Scorsese—, grabó Self portrait
en marzo de 1970. Lo publicó con el propósito de ensanchar los
horizontes de su carrera y, sobre todo, para que la crítica y sus
seguidores dejaran de verlo solamente como un símbolo del movimiento
hippie, de las protestas contra la guerra de Vietnam y de los
ideales de la contracultura. Pero aquel inesperado y controvertido
giro no impidió que su obra quedara impresa en los libros como
referencia obligada de las luchas sociales durante la convulsa
década del 60 y de los principios políticos y espirituales que
animaron a la generación del flower power. En el álbum
original se muestra a un Dylan que indaga en las raíces del folk
clásico; enfrenta, entre otros, temas de sus contemporáneos como
Annie’s gonna sing her song, de Tom Paxton, y Thirsty boots,
de Eric Andersen, y parece entregado a un viaje hacia sí mismo en
busca de dar a luz a un nuevo Dylan.
Lo cierto es que después de cuatro décadas, el músico de 73 años
regresa dispuesto a demostrar que en aquel momento no estaba
sufriendo un coma creativo. Y al parecer, también, con la
publicación del nuevo recopilatorio, firmó la paz con el cronista de
rock Greil Marcus, quien fue el primero en disparar contra Self
portrait desde las páginas de la famosa revista Rolling Stone, y
que ahora, 43 años después, no reparó en escribir las notas de esta
edición especial. En cualquier caso, a estas alturas del juego, Bob
Dylan ya es una leyenda viva de la música popular de todos los
tiempos. Y, por supuesto, no necesita nada para probarlo, aunque, de
vez en cuando, se tome sus revanchas.