Paraíso de la clorofila, en las 97 hectáreas del vergel —siete de
ellas de bosque natural preservado— radica una de las mayores
colecciones palmíferas del planeta.
También sobresalen en la población botánica del sitio
perteneciente al CITMA, las variedades de bambúes, ficus o jagüeyes
y orquídeas, significa Ileana García, instructora jefa del
Departamento de Promoción del sitio Monumento Nacional.
El 73 % de sus mil 417 especies (más de 6 mil ejemplares) es
considerado único, y un segmento de sus plantas llama la atención
por su rareza.
Resulta conocido en todo el mundo y recibe las visitas regulares
de estudiantes de universidades de América y Europa. Su personal
científico emprende una loable labor de preservación de especies.
Aquí protegen la historia de cada árbol plantado en las 88
cuadrículas donde fueron archivados los primeros ejemplares; a
diferencia del resto de los jardines del territorio nacional, fue
ordenándose por un sistema alfanumérico orientado de Norte a Sur por
letras, y de Oeste a Este por números, iniciativa que permite ubicar
con exactitud cada ejemplar.
Sin embargo, como censurase Granma en el reportaje crítico
Una joya poco valorada en casa, publicado hace dos años, el
espacio era muy conocido por turistas extranjeros pero virtualmente
ignorado por los cienfuegueros, carentes hasta hace poco tiempo de
un sistema de excursiones al sitio.
El Proyecto Sendas, de la Oficina del Conservador de la Ciudad,
permitió que el anhelo se convirtiese en realidad a partir de este
verano, cuando lo incluyó en el programa de recorridos
histórico-culturales auspiciados por la institución. Así, centenares
de lugareños han podido salvar el deseo. En realidad, con creces.
¿Por qué con creces? Porque, como dice Carmen Rosa Pérez, la
experta encargada de explicar la visita guiada de carácter gratuito,
se trata de algo mucho mayor que un "tour" al Jardín.
Aunque, por supuesto, resulte el plato fuerte de la jornada, la
visita al Jardín —iniciada en el Parque Martí, los inmuebles urbanos
de la sacarocracia decimonónica, el cementerio de Reina y el batey
Soledad— representa punto final lógico de una agenda interesada en
que las personas aprehendan el desarrollo y las consecuencias de la
expansión azucarera de Cienfuegos durante el siglo XIX.
El crecimiento de las fábricas de azúcar y el incremento de su
número tras la década del 40 del siglo antepasado propició la
acumulación de capitales cienfuegueros y foráneos, lo que hizo de
los bateyes de los ingenios receptáculos del patrimonio azucararero.
Ejemplo de lo anterior es, por excelencia, el batey de Nuestra
Señora de la Soledad (hoy Pepito Tey). El sitio, inextricablemente
ligado al Jardín, se transforma y llega a nuestros días como central
azucarero gracias a la familia del estadounidense Edwin F. Atkins,
quien en 1901 funda el Jardín Botánico de Cienfuegos, administrado
por la Universidad de Harvard hasta 1961.
Todo ello se explica, con suma elocuencia, por Carmen Rosa en el
periplo de Sendas. El proyecto, el cual contempla además otros
recorridos temáticos, proseguirá en septiembre; por lo pronto
durante par de veces al mes, según conoció Granma.
La demanda del periódico no cayó en saco roto; antes bien se
satisfizo de un modo abarcador y culturalmente, incluso, más
rentable. ¡Enhorabuena!