¿Quién es el responsable?

Lissy Rodriguez Guerrero

Una de las primeras lecciones recibidas en su niñez sucedió por una travesura, al parecer, sin causas ni efectos. Se trataba de un juego que consistía en tocar a la puerta del vecino y correr a todo dar, para no ser alcanzado por la vista de este, quien dejaba a medias sus quehaceres para atender la puerta y se daba de bruces con la realidad de haber caído en la trampa de revoltosos infantes, sin intención maliciosa aparente.

Pero todo cambió el día en que quiso hacer partícipe de la jugarreta a su madre, quien no entendió los alegatos ofrecidos y le hizo esperar en la puerta hasta pedir disculpas. Ese día afloró la vergüenza a su rostro.

La familia, la más antigua de las instituciones humanas, es la encargada de formar valores en los niños y jóvenes, labor asignada en su totalidad por muchos años a la escuela. Es común que algunos padres les quiten la razón a los educadores cuando su hijo comete alguna indisciplina, justificando lo inexcusable, o la reprimenda incorrecta sobre la base de gritos y golpes, los cuales lejos de enseñar humillan y no ofrecen espacio a la reflexión.

Las lecciones aprendidas en la infancia raras veces se olvidan. En esta etapa es fundamental la percepción de climas de solidaridad, comprensión y respeto en el hogar. Los padres pueden resultar un referente avanzado, o por el contrario, el ejemplo a seguir en acciones transgresoras de la tranquilidad social.

Si bien la interpretación del papel de la familia se transforma de acuerdo a las necesidades de los pueblos, esta célula de la sociedad debe ser la encargada de velar por la formación de los individuos. Los propósitos educativos, aunque positivos, si no encuentran la mejor forma de consumarse, pueden acabar por revertir una enseñanza.

La responsabilidad de los padres en la crianza de los hijos es indelegable. El papel de la comunidad y la escuela coadyuva la enseñanza que toca a ellos comenzar. Asumir ese encargo significa saberse comprometido con las consecuencias de sus actos, como si fueran los suyos propios, sabiendo de antemano que ellos se educan para la vida en comunidad.

Evadir los resultados de las acciones, cuando solo se es una criatura inocente, pude parecer un motivo para la risa. Sin embargo, crecer implica tomar conciencia de las conductas a seguir, analizar más allá de la conveniencia propia, aprender a vivir en sociedad.

Ser responsables es brindar el asiento en la guagua, pedir disculpas, ayudar al prójimo¼ Por tanto, ser responsables es también caballerosidad y honradez. Cuando antes de actuar se valoran los efectos hacia el plano social de cada proceder, se es responsable. Para que esa conducta no se convierta en obligación sino en placer individual, es necesario instruirla desde la cuna.

Las reglas básicas de la convivencia son bien educadas cuando la tríada familia, escuela y comunidad, grandes sistemas socializadores, cumple su función orientadora y educativa, siendo la familia la primera en cultivar actitudes, prácticas y valores.

 

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