Los medios de comunicación coinciden en afirmar que los últimos
datos de EUROSTAT indican que Europa sale de la recesión y que su
economía se recupera por fin, dado que las estadísticas registran un
crecimiento positivo del PIB del 0,3 % en la zona euro durante el
segundo trimestre del año.
Es evidente que el hecho de que se haya producido este registro
positivo en la evolución de la tasa de actividad es mejor que uno
negativo, pero de ahí a creer que la economía europea se recupera al
fin y que volverá a una senda de efectiva mayor actividad y empleo,
me parece que hay una considerable distancia.
A vuela pluma, me parece que hay que tener en cuenta algunas
consideraciones que quizá permitan contemplar el futuro sin menos
optimismo del que se ha difundido.
En primer lugar hay que señalar que la variable que se toma como
referencia para afirmar que se sale de la recesión es el PIB, que es
una magnitud muy bruta y que puede dar lugar a grandes equívocos. El
PIB aumenta por razones muy diversas, además naturalmente de por las
estacionales que pueden engañar, pues en cuanto desaparecen puede
volver a empeorar. Por tanto, una cosa es que aumente el PIB y otra
que realmente se esté produciendo una mejora de la condición real de
las economías. Para saber si es así o no hay que analizar qué
aumenta y por qué lo está haciendo. Y, particularmente, hay que
evaluar si esa mejora viene acompañada de más empleo, la naturaleza
del que se crea y a cómo están yendo los ingresos que genera ese
mayor crecimiento.
Los datos que vamos conociendo en los últimos trimestres, y que
posiblemente se confirmarán en este segundo de supuesta
recuperación, indican que la actividad que se crea está muy
segmentada, vinculada a sectores muy concretos, que no lleva consigo
apenas creación de empleo y que el que se genera es muy precario,
casi indecente por seguir la terminología de la Organización del
Trabajo, lo que hace que los ingresos que genera no ayuden a que se
recupere sustancialmente el consumo ni la inversión que puedan
permitir que se modifique la base estructural de la economía.
En segundo lugar, es evidente también que se trata de un
incremento de la actividad muy pequeño. Sirve formalmente para poder
decir que se sale de la recesión (al ser positivo), pero es tan
reducido que perfectamente puede responder a la habitual
manipulación más o menos sutil que los servicios de estadística
pueden llevar y llevan a cabo habitualmente con los indicadores
macroeconómicos. Mientras que no se registren tasas más elevadas no
puede descartarse, ni mucho menos, que vuelvan a ser negativas en
cualquier otro trimestre cercano. De hecho, en la zona euro se ha
registrado este aumento del 0,3 % respecto al trimestre anterior,
pero en comparación con el crecimiento del año pasado hay una
disminución del -0,7 % (aunque es verdad que es menor al 1,1 % del
primer trimestre). Y la previsión del crecimiento a registrar a
finales del 2013 será de un -0,6 %.
En tercer lugar, hay que tener en cuenta que los registros de la
actividad han sido muy diferentes en los diversos países. Es cierto
que son positivos en Alemania (0,7 %) y Francia (0,5 %), entre
otros, pero que siguen siendo muy negativos allí donde la crisis se
viene manifestando más agudamente, y en especial en España (-0,1 %)
e Italia (-0,2 %), en donde se registran, además, caídas
interanuales importantes (-1,7 %; -2 %). Por tanto, hay que esperar
para comprobar si se trata de una recuperación efectiva de toda la
zona o solo transitoria en alguno de los países cuyas políticas
actuales no están precisamente dirigidas a ayudar a los demás sino a
salvar sus propios intereses, en gran parte contrarios a los más
afectados por la crisis en un euro diseñado a su favor.
Para que pudiera hablarse de una verdadera recuperación en Europa
tendría que mejorar mucho más significativamente el consumo de las
familias, la utilización de la capacidad productiva de las empresas,
el acceso al crédito, las exportaciones netas (es decir, la
diferencia entre las ventas y las compras al exterior), y lo cierto
es que muy poco de todo ello va mejorando sustancialmente, si es que
mejora. El mercado del trabajo empeora por las medidas que se vienen
tomando; la desigualdad salarial aumenta por la caída de los
salarios nominales (que además quieren seguir deprimiendo) y no hay
nada que permita esperar que el acceso al crédito de familias y
empresas vaya a poder mejorar en los próximos trimestres, porque los
bancos siguen anteponiendo la recuperación de sus beneficios a la
del sector financiero y a la de la financiación a la economía,
gracias a la complicidad que les prestan los gobiernos.
Creer que la economía europea va a salir simplemente por inercia
de la situación en la que se encuentra es un sueño de verano.
(Fragmentos tomados de Publico.es)