Falta
todavía poco más de una semana, pero todo parece listo ya para que
Buenos Aires acoja lo que será, sin duda, una batalla subliminal de
las buenas, con el futuro del olimpismo en el tapete.
Y no es para menos. En la capital argentina, a fin de cuentas,
los 115 miembros del COI se reunirán, entre el 7 y el 11 de
septiembre, para elegir la sede olímpica del 2020 y, lo que es más
importante aún, qué deporte ingresará al programa a partir de esa
edición y quién sucederá al belga Jacques Rogge, después de 12 años
como noveno presidente del máximo ente rector deportivo.
Quizá parezca sencillo, pero lo cierto es que de trasfondo queda
una maratónica carrera de rigurosos exámenes e intensa labor
propagandística, con fina esgrima política, en los corrillos de
Lausana, como evidencia el meticuloso proceso de selección para la
sede olímpica.
No en vano, en el caso de las ciudades aspirantes a los Juegos
del 2020, la comisión evaluadora concluyó su informe sin destacar a
ninguna favorita, puntualizando únicamente observaciones que no
pasan de ser sutilezas. De ahí que las tres saben que la cumbre
bonaerense será el momento clave, como demostró Río de Janeiro hace
cuatro años, cuando en el Bella Center de Copenhague Lula se sacó de
la manga un mapamundi en el que mostraba dónde habían sido los
Juegos hasta entonces, para resaltar así el vacío en Sudamérica y
África. Un impacto visual decisivo, que selló la contundente
victoria carioca.
En ese sentido, Estambul aspira a que el COI lleve los Juegos a
una nueva frontera, una especie de guiño tácito al mundo musulmán,
en una ciudad que es puente entre Asia y Europa. Mientras, Tokio
pregona sus garantías de estabilidad en medio de la incertidumbre
económica y convulsión política reinantes en el mundo, y Madrid,
pese a la maltrecha economía de España, busca obtener al fin el
premio a la persistencia, asegurando que gastará menos en
infraestructura, gracias a que el 80 % de sus instalaciones ya han
sido construidas, tras presentar tres candidaturas consecutivas.
La 125 Sesión del COI, sin embargo, también debe decidir qué
deporte se incluirá en las futuras ediciones de los Juegos entre la
lucha, el squash y el binomio del béisbol/softbol, un pulso que se
vislumbra mucho más claro que el de los candidatos por la
Presidencia del COI, asunto a decidir el 10 de septiembre.
A priori, el favorito en la baraja de seis candidatos es el
abogado alemán Thomas Bach, vicepresidente del COI desde el 2000,
quien ha propuesto endurecer las sanciones contra el dopaje, a pesar
de verse salpicado recientemente por el escándalo del presunto
programa de dopaje apoyado por el Estado en la antigua República
Federal Alemana (RFA).
Por su parte, el legendario expertiguista ucraniano Serguey Bubka
vuelve a elevarse sobre su prestigio atlético, y el empresario
puertorriqueño Richard Carrión, en sus dotes negociadoras que le han
permitido rentabilizar hasta dos terceras partes de los ingresos del
COI a través de los derechos de televisión de los Juegos, desde que
en el 2002 pasó a encabezar la Comisión de Finanzas.
En tanto, el director de los primeros Juegos Olímpicos de la
Juventud de Singapur 2010, Ser Miang Ng, ha esbozado su propuesta de
frenar el gigantismo que en buena medida compromete y restringe la
organización de la cita multideportiva, dando marcha atrás a los
precios y procedimientos que ahora mismo norman la elección de la
sede, con un proceso de dos años cuyo costo estimado ronda los 80 y
100 millones de dólares. A su vez el taipeyano Wu Ching-Kuo y el
suizo Denis Oswald aparecen parapetados en sus respectivas
experiencias al frente de las federaciones internacionales de boxeo
y remo.
Una cuestión cardinal que signará los destinos del Movimiento
durante los próximos ocho años.