Guatemala.—
El peregrino humilde, como se autodefinió el Héroe Nacional cubano
José Martí al evocar en el ensayo titulado Guatemala su
llegada a este país en marzo de 1877, ya tiene un monumento en la
capital guatemalteca.
La Plaza Jardín José Martí ya es un hecho en la Avenida de las
Américas de esta ciudad, donde se desarrolló ayer un solemne acto en
el cual intervinieron autoridades guatemaltecas y cubanas.
El canciller de Guatemala, Fernando Carrera, recordó como a los
11 años supo de Martí gracias a un libro del reconocido intelectual
cubano Roberto Fernández Retamar.
Cuando el Ministro de Relaciones Exteriores citó la frase
martiana: "Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedra",
se escuchó el aplauso de casi dos centenares de guatemaltecos y
cubanos asistentes a la ceremonia.
El alcalde capitalino, Álvaro Arzú, agradeció al exembajador de
Guatemala en Cuba Estuardo Meneses, a quien desde hace más de cuatro
años se le ocurrió esta idea que recibió el respaldo de la Sociedad
Cultural José Martí de Cuba.
Por su parte, la presidenta de la Asociación Cultural José Martí
en Guatemala, Marina Coronado, dio las gracias a Arzú por haber
ofrecido el espacio y apoyar con trabajadores de la municipalidad.
Destacó la labor del maestro escultor Andrés González y a su
discípulo Oscar Luis González, quienes terminaron la estatua de
Martí en mes y medio.
El ministro cubano de Cultura, Rafael Bernal, consideró a este
espacio "como un templo a la hermandad entre Guatemala y Cuba y como
un reconocimiento a la historia de lucha de nuestros dos pueblos".
La actividad estuvo amenizada con la interpretación de la famosa
canción La Guantanamera en las voces de los niños de
la escuela República de Cuba, mientras alumnos del plantel José
Martí declamaron los versos de Cultivo una Rosa Blanca.
El cantautor cubano Hipólito (Polito) Ibáñez interpretó versos
del poeta universal, de quien dijo que no podía pasar por este mundo
sin cantarlo.
También se develó una tarja que tiene grabado uno de los versos
del célebre poema La Niña de Guatemala, en el cual Martí
inmortaliza a María García Granados, "la que se murió de amor".