Pareciera incomodarles la seriedad y el respeto con que diversas
instancias tanto gubernamentales como de nuestra sociedad civil han
encarado un asunto que requiere atención, toma de conciencia y
acciones prácticas para su definitiva solución.
La Revolución nos ha enseñado a asumir con valentía errores y
carencias y a emprender el camino de la rectificación. En el tema
que nos ocupa, como en tantos otros, Fidel dio el ejemplo. Al
intervenir en el Congreso Internacional de Pedagogía 2005, expresó:
Dicho con palabras más crudas y fruto de mis propias
observaciones y meditaciones, habiendo cambiado radicalmente nuestra
sociedad, si bien las mujeres, antes terriblemente discriminadas y a
cuyo alcance estaban solo los trabajos más humillantes, son hoy por
sí mismas un decisivo y prestigioso segmento de la sociedad que
constituye el 65 por ciento de la fuerza técnica y científica del
país, la Revolución, más allá de los derechos y garantías alcanzados
para todos los ciudadanos de cualquier etnia y origen, no ha logrado
el mismo éxito en la lucha por erradicar las diferencias en el
status social y económico de la población negra del país, aun cuando
en numerosas áreas de gran trascendencia, entre ellas la educación y
la salud, desempeñan un importante papel.
En 1998, la vanguardia intelectual y artística, en diálogo con el
propio Fidel, había advertido durante un Congreso de la UNEAC, la
necesidad de abordar el problema. Durante la primera década de este
siglo fueron adoptados programas destinados a sectores
desfavorecidos de la sociedad con un impacto medible entre los
afrodescendientes. El actual proceso de implementación de los
Lineamientos Económicos y Sociales aprobados por el último Congreso
del Partido debe sentar las bases de un desarrollo sustentable que
se traduzca progresivamente en niveles de prosperidad. En su
aplicación a escala local, cada una de las acciones que se emprenden
tendrá que tomar en cuenta la focalización, sin visos paternalistas,
de los sectores y nichos de nuestra sociedad más urgidos de
transformaciones y beneficios, en correspondencia con los aportes y
el incremento de la riqueza social.
Para nadie es un secreto que no existe una relación biunívoca
entre base material y conciencia. De ahí la necesidad de continuar
trabajando en el campo de la subjetividad si queremos desterrar todo
vestigio de prejuicio racial.
En los últimos años, no sin vencer obstáculos, cada vez son más
significativos los espacios en los que se debaten los problemas de
la población afrodescendiente. El tema ha preocupado y ocupado a los
parlamentarios en las sesiones de las comisiones permanentes de la
Asamblea Nacional y se han realizado audiencias públicas.
Consecuente con los acuerdos de sus Congresos, la UNEAC ha venido
desarrollando mediante la Comisión Aponte no solo una labor de
concientización, sino también de promoción de los aportes de los
afrodescendientes a la forja de la nación y las transformaciones
revolucionarias.
Aunque más reciente, no menos importante resulta el trabajo del
capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendiente, por la
altura y sentido de la responsabilidad con que analiza y propone
soluciones.
Las conmemoraciones recientes de los centenarios de la creación
del Partido de los Independientes de Color y la "guerrita del 12"
que derivó en la masacre de miles de negros y mestizos por el
ejército de la República neocolonial, y del bicentenario del
asesinato de José Antonio Aponte marcaron nuestra vida social y
cultural.
La Fundación Nicolás Guillén auspicia un curso en el programa
Universidad para Todos, cuya primera etapa concluyó al comienzo de
este último verano, en el que se ponen de manifiesto las
contribuciones sustantivas de los africanos y afrodescendientes
Estos son apenas algunos de los hitos en la batalla por la
justicia. Todavía, lo sabemos, resultan insuficientes, pero también
inobjetables. El sistema escolar, los medios de comunicación y las
organizaciones que integran nuestro tejido social están en
condiciones de aportar y avanzar mucho más. La igualdad, que en
nuestro caso apunta a la correspondencia entre oportunidades y
superación y entre prosperidad material y crecimiento espiritual, no
fraguará mediante la aplicación de mecánicas acciones afirmativas ni
extrapolando experiencias que para nada tienen que ver con nuestra
perspectiva real, sino mediante la comprensión de las complejidades
de un asunto históricamente enraizado y la búsqueda de soluciones
integrales que recorran desde la escala del esclarecimiento y la
conceptualización hasta la sistematización y seguimiento de
prácticas económicas, sociales y culturales.
Todo esto bajo los principios de la unidad y sin renunciar a los
ideales que nos fortalecen y constituyen nuestro más preciado
legado. Al respecto, el sociólogo Fernando Martínez Heredia, Premio
Nacional de Ciencias Sociales, recordó que las actitudes racistas
responden "también a las necesidades ideológicas de los que aspiran
a un regreso mediato al capitalismo, porque el racismo es una
naturalización de la desigualdad entre las personas", lo cual
resulta inadmisible para la inmensa mayoría de los cubanos. Y
concluía con una afirmación que compartimos: "La lucha por la
profundización del socialismo en Cuba está obligada a ser
antirracista".
Con esa convicción trabajemos para que el color cubano que tanto
defendió Nicolás Guillén como aspiración y la justicia social más
plena sean cada vez más cercanas y promisorias realidades.