WASHINGTON.— El gobierno de EE.UU. está considerando una acción
militar contra Siria alegando ataque químico cerca de Damasco, pero
hace unas décadas la CIA y militares estadounidenses no hicieron
nada para detener el uso de gas nervioso contra Irán, informa la
revista Foreign Policy.
En 1988, durante los últimos días de la guerra de Iraq contra
Irán, EE.UU. supo, gracias a imágenes de satélite que Irán estaba a
punto de ganar una importante ventaja estratégica al abrir una
brecha en la defensa iraquí.
Funcionarios de inteligencia estadounidense transmitieron la
posición de las tropas iraníes a Iraq, conscientes de que el
ejército de Saddam Hussein iba a atacar con armas químicas,
incluyendo el gas sarín, un agente letal nervioso.
Los datos entregados al mando militar de Saddam Hussein incluían
imágenes y planos de movimientos de las tropas iraníes, así como la
ubicación de las instalaciones logísticas de la República Islámica y
planes detallados del emplazamiento de sus tropas antiaéreas.
Usando estos datos, las tropas iraquíes utilizaron gas mostaza y
sarín antes de lanzar cuatro importantes ofensivas a principios de
año. Las ofensivas de las tropas de Saddam ayudaron a cambiar el
curso de la guerra a favor de Iraq y llevar a Irán a la mesa de
negociaciones.
Durante varios años los funcionarios estadounidenses han negado
su conocimiento de los planes de ataques químicos iraquíes,
insistiendo en que el gobierno de Hussein nunca anunció que iba a
utilizar estas armas. Pero el coronel retirado de la Fuerza Aérea de
EE.UU. Rick Francona, exagregado militar en Bagdad durante aquellos
años, da una visión diferente.
"Los iraquíes nunca nos dijeron que tenían planes de usar gas
nervioso. No necesitábamos que nos lo dijeran: ya lo sabíamos", dijo
el coronel citado por Foreign Policy.
Según los archivos de la CIA y entrevistas a oficiales de
inteligencia militar como Francona, EE.UU. tenía pruebas
consistentes de ataques químicos iraquíes a partir de 1983. Fue en
ese mismo periodo que Irán denunció públicamente los ataques
químicos contra sus tropas y recogía datos para presentarlos a las
Naciones Unidas.
Pero faltaban pruebas, y los informes secretos mandados a
funcionarios de inteligencia de más alto rango en el gobierno de
EE.UU. contenían muchas. La CIA no quiso intervenir en el caso. (Russia
Today)