¿Durante
cuánto tiempo deberá reunir dinero un trabajador para comprar un
equipo necesario en el hogar, por sencillo que este parezca? Es
difícil hallar respuesta a la pregunta, porque juntar determinada
cantidad de dinero —si se trata de CUC— va siempre en detrimento de
la economía del hogar en CUP; así que al decidir tal erogación es
preciso apuntar bien a la diana, para no errar el tiro.
Si usted determina que le hace falta, por ejemplo, una lámpara
para el cuarto, la cocina o el baño de la casa, se lanzará a la
aventura, primero, de buscar la adecuada al precio que le permite su
bolsillo y, al mismo tiempo, elegirá una que se vea fuerte, elegante
y eficaz. Recuerdo aquel adagio de décadas atrás, cuando nuestros
abuelos buscaban lo bueno, bonito y barato.
¿Lámparas? Dónde hallarlas mejor que en varios puntos de venta de
la ciudad, aunque, por cierto, nada baratas: la tienda por
departamentos La Puntilla y la Plaza de Carlos III, entre otras
dependencias, así como el sitio especializado en estos equipos
situado al lado del Trasval de Galiano, se distinguen por sus
ofertas.
Al primero de estos lugares llegó una pareja de jóvenes para
adquirir una lámpara destinada a la cocina de su casa, y cuál no
sería la sorpresa cuando la dependienta le mostró el artículo, muy
agradable a la vista, pero le dijo que no podía probársela, que se
la llevaran, conservaran el comprobante de pago y, si una vez en su
casa no funcionaba, entonces regresaran a la tienda para
cambiársela.
Alguien que acompañaba a los muchachos le inquirió a la
expendedora que, por favor, buscara un bombillo, pelara los
cablecitos de conexión y la probara allí. Otro dependiente, al ver
que la atmósfera se estaba cargando con la naciente incomodidad de
los posibles compradores, de inmediato le hizo el test al equipo y,
por suerte, los jóvenes salieron complacidos, pues hasta les
buscaron una caja para resguardarla (algo que debe venir con el
producto).
Con anterioridad, en Carlos III, tras el mismo interés de compra,
la dependienta del departamento especializado en luminarias había
mostrado un aire más agradable al atenderlos; incluso, ofreció una
disculpa por no tener condiciones para hacerle la debida
comprobación a la lámpara. Pero, la manera de proceder fue similar:
llévensela y, si no funciona, regresen para cambiársela.
¿Acaso en ambos lugares pensaron en la molestia que les causarían
a los compradores cargando y retornando el aparato si no trabajaba?
¿Por qué ignorar la importancia que tiene el tiempo de cada quien
para resolver un asunto? ¿No se sentirían más a gusto esas
dependientas sabiendo que los jóvenes se marcharon complacidos?
Cosas así suceden porque nos hemos acostumbrado a aceptar lo que
nos vendan, sin defender el derecho a recibir el mejor trato y la
calidad de la compra. Si en años precedentes no existía una gama de
productos para los diferentes gustos y era menester resolver los
diarios y acuciantes problemas a como diera lugar, hoy ya es hora de
ir erradicando esa mentalidad de "esto es lo que te toca, y no
discutas".
Pago por lo que me agrada y considero con calidad, porque es mi
derecho como consumidor; pero si adoptamos una actitud pasiva cuando
nos ofrecen algo que no llena nuestras expectativas, puede, incluso,
que nos pasen gato por liebre.