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Un renacido Centro Histórico de Cienfuegos
Julio
Martínez Molina
CIENFUEGOS.— María Eulalia Fernández es una cienfueguera de pura
cepa, quien vive en el Centro Histórico de la ciudad desde hace más
de siete décadas y se puso muy feliz cuando, ocho años atrás, a
estas 70 manzanas la UNESCO les concedió la condición de Patrimonio
Cultural de la Humanidad.

La calle Santa Isabel, convertida en corredor peatonal, es uno de
los motivos de orgullo del programa de remozamiento emprendido.
Sin embargo, tanto ella como sus vecinos estuvieron más
satisfechos aún en el momento en el cual la amplia franja citadina
—en esencia el corazón de Cienfuegos, y precisada de renovar sus
galas— comenzó a ser objeto de un programa de reconstrucción y
remozamiento regido por la Oficina del Conservador de la Ciudad, con
el apoyo del Gobierno, del Partido, y varias empresas del
territorio.
Fueron reparadas y pintadas las fachadas de las casas y quedaron
prácticamente nuevos —tras restauración integral especializada—
diferentes inmuebles de alto valor patrimonial, entre los que se
incluyen los palacios de Blanco, La Moneda y Azul; el área de La
Punta (declarada Monumento Nacional), la Casa Verde y otros.
DEL
CEMENTERIO DE REINA A LA CALLE SANTA ISABEL
Aunque varias obras ya fueron terminadas, al ser interrogado por
Granma, Irán Millán Cuétara, Conservador de Cienfuegos,
prefirió centrarse en las que se encuentran en pleno desarrollo, con
el concurso, fundamentalmente en estos momentos, de obreros de la
Empresa de Mantenimiento y Construcción del Poder Popular y la
Agrupación de Restauración y Pintura.
Entre ellas, el arquitecto Millán, diputado al Parlamento,
destaca la restauración del cementerio de Reina (Municipal), donde
finalizan el edificio administrativo que albergará la Sala Museo del
sitio inaugurado en 1839, dos décadas después de fundarse
Cienfuegos. Levantan también allí un local para el uso del trabajo
comunitario.
Irán
Millán, el Conservador de Cienfuegos, en la Plaza de Armas, hoy
parque Martí. Al fondo se proyecta la Catedral, una de las obras
monumentales que se preservan.
Con ello no solo se responde a un planteamiento histórico o a una
inquietud de décadas de intelectuales y pueblo en general, sino que
además se salvaguarda el único exponente en el país del sistema de
enterramiento en nichos verticales, apunta el historiador Francisco
González Navarro.
Jorge Suárez, uno de los obreros, explica que pese a la
dificultad constructiva —implicó intenso trabajo de movimiento de
tierra en pleno Centro Histórico—, muestra notable grado de avance
el Paseo La Mar, desde su confluencia con la calle Santa Isabel
hasta Arango.
Ya completamos 400 metros y el cambio ha sido extraordinario: se
aprecian amplias aceras arboladas y calles pavimentadas para
favorecer el tránsito, confirma Millán, el Conservador.
Las labores en dicha área tienen como propósito, además, mejorar
la línea costera y favorecer la dinamización económica de la zona.
La calle Santa Isabel, centro de la faena y ya al 50 % de
ejecución en su reconversión en corredor peatonal, está llamada a
convertirse en una de las principales arterias socioculturales del
territorio. Asiento de puntos de venta de artesanos artistas,
también es escenario ya, en su parte concluida, de conciertos y
espectáculos promovidos por la Oficina del Conservador.
Maikely Crespo, arquitecta de la Oficina, indica que ese corredor
peatonal de Santa Isabel cuenta con macetas, farolas, bancos y
papeleras. Joaquín Soler, octogenario vecino de las inmediaciones,
estima que nunca esta calle lució tan bella en la historia de
Cienfuegos, como después de los arreglos emprendidos.
DEVOLVER
SU ESPLENDOR A OBRAS MONUMENTALES
Devolvemos los valores originales a la Catedral de la Purísima
Concepción (1869). De conjunto con el Obispado, especialistas
españoles y los estudiantes de la Escuela de Oficios —adscrita a la
Oficina—, asumimos la restauración de los vitrales franceses, un
tesoro invaluable, y ya terminamos El Salvador, que mira hacia la
aledaña Plaza de Armas, significa Millán.
Son 15 los vitrales artísticos mencionados por el Conservador,
fabricados en París en 1871, por el maestro suizo Jean Jules Gaspard
Gsell. A juicio de la feligresa Milagros Quintana, constituyen las
citadas piezas uno de los motivos de esplendor de esta edificación
emblemática del Centro Histórico.
El Patio de la Alhambra representa una de las instituciones más
importantes del proceso de desarrollo emprendido por la Oficina del
Conservador de la Ciudad. Dicha antigua casona del siglo XIX,
ubicada en la arteria principal de la ciudad (calle San Fernando,
hoy avenida 54), acogerá todo el trabajo comunitario e
interinstitucional de la entidad que dirige.
TRABAJO
ENCOMIABLE, PESE A LAS LIMITACIONES
Sin solazarse en lo hecho, Irán Millán señala que aunque tienen
la responsabilidad de preservar/conservar la zona declarada
Patrimonio Cultural de la Humanidad, expresa que "todavía le debemos
bastante a Cienfuegos y lo primero radica en lograr para la ciudad
el esquema de Oficinas del Conservador empleado en el resto de la
nación: un sistema económico sustentable, que permita materializar
sueños y necesidades".
"Llegaremos a este ahora, gracias a la Red de Oficinas del
Historiador y Conservador de Ciudades Patrimoniales, creadas por el
Consejo de Estado, con Eusebio Leal como presidente. Ella
viabilizará la conversión de nuestro objeto social y brindará las
herramientas de una empresa de restauración, con presupuesto, una
entidad comercializadora de servicios¼ ",
sostiene.
Progresivamente —continúa— la Oficina será propietaria del uso de
suelos, varios espacios públicos (la Plaza de Armas, el Bulevar, el
Paseo del Prado y el Parque de la Aduana, entre otros) pasarán a
nuestra égida y podremos trabajar directamente sobre ellos.
Por lo pronto, sin dichas prerrogativas, solo sobre la base de la
coordinación y guía (con el obvio respaldo político-gubernamental
que impulsó hace tres años la implementación de este programa, a
cuyo beneficio se sumó el entramado empresarial de Cienfuegos en su
momento), es bastante lo hecho. Y digno de todo elogio. |